Las elecciones del 2 de junio merecen votos reflexivos y no de impulsos que traen malas consecuencias, como las que se viven en otros estados.

Por malos resultados El Mirón se refiere a la violencia generalizada y los atrasos en prioridades como los servicios de salud, educación, agua, drenaje, alcantarillado, en general todos aquellos que abonan a la calidad de vida de los ciudadanos.

Hoy, los efectos del voto que obedece a los impulsos mediáticos y no a la reflexión de fondo, lo padecen los habitantes de Guerrero, Zacatecas, Michoacán, Tamaulipas, Nuevo León, entre otros convulsionados por la inseguridad, frustrados por el pésimo servicio de salud e indignados por las deficiencias en la educación y en los servicios básicos.

El miércoles pasado, el INEGI publicó la lista de los municipios donde sus habitantes perciben más inseguridad y en todos los gobiernos es de Morena. Se los precisó Fresnillo con persecución del 96 por ciento de inseguridad, Uruapan con el 95, Ecatepec con el 94 y Zacatecas, capital, con el 93.

Sus habitantes deben estar bien arrepentidos de haber entregado su voluntad, su voto, sin reflexionar sobre la trayectoria, la capacidad y el oficio de quienes ahora los gobiernan.

Por eso, lejos del impulso que generan posiciones mediáticas que buscan llamar la atención, se debe pensar en voto reflexivo para decidir bien y no enviar la moneda al aire, para ver cómo cae.

Y el voto reflexivo solo tiene que valorar su situación actual para determinar el cómo se siente en materia de seguridad, de salud, de educación, de servicios básicos, cómo evalúa a sus autoridades federal, estatal y municipal, para que su voto tenga el alcance que busca que no es otro, más que mejorar la calidad de vida suya y de su familia.

Los impulsos mediáticos sólo atraen votos sin reflexión que luego se convierten en arrepentimiento.