Los actos de corrupción y la impunidad han terminado por hundir el discurso moral de la llamada cuarta transformación.

Andrés Manuel López Obrador llegó a la presidencia vestido de una superioridad moral ante los opositores.

Hoy, la cuarta transformación de Morena se convirtió en el pasado, y el pasado es más corrupción y más impunidad que antes.

Y aunque Adán Augusto sigue con su detente (fuero), el daño ya está hecho.

El líder del crimen organizado de “La Barredora” en el sur ya no es líder de Morena en el Senado, pero aún no está en la cárcel y eso sigue siendo una burla para los mexicanos.

Como también lo es el huachicol fiscal que sigue y sigue, mientras los políticos que lo operan están libres, protegidos por los hijos de AMLO.

Como también se intensifica la violencia en la mayoría de los estados del país, bajo el respaldo de los gobernadores morenistas como Rubén Rocha, en Sinaloa.

Muy pronto se agotó el discurso moralista de la cuarta transformación.

En menos de dos meses se fue premiado a la Embajada de Reino Unido Alejandro Gertz Manero, quien, al frente de la Fiscalía General de la República, se encargó de tapar la corrupción y la impunidad del Gobierno de Andrés Manuel.

De cara a la elección de 2027, donde estarán en juego 17 gubernaturas, alcaldías y la renovación del Poder Legislativo federal, Morena está cada vez más desgastado, ante una sociedad arrepentida que ve cómo se gastaron millones y millones de pesos en obras faraónicas y no hay medicinas, ni seguridad, ni empleos.

Entre los aspectos graves que enfrenta es que los programas sociales ya no son suficientes para el acarreo de votos, porque las voluntades marcan que, para los ciudadanos, Morena no tiene capacidad de gobernar y salieron mucho peor que los de antes.