Les guste o no les guste, murió de un infarto.

Así, con afán dictatorial, la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, resumió la muerte de la maestra Irma Hernández, quien daba clases en una escuela primaria y, para completar, trabajaba también como taxista.

Antes de encontrar su cuerpo sin vida, fue obligada a subir un video terrible que refleja el grave estado de inseguridad que agobia a los veracruzanos.

Hincada, la maestra Irma pedía a sus compañeros taxistas que pagaran la cuota a los delincuentes que la secuestraron, porque se resistió a la extorsión.

Ellos, armados y con el rostro cubierto, aparecieron en el video como muestra del control que ejercen ante un Gobierno rebasado por la delincuencia organizada.

Horas después, el cuerpo de Irma fue encontrado y el médico legista reportó golpes en su cuerpo.

Sin embargo, la gobernadora morenista Rocío Nahle atajó el tema y llamó miserables a los periodistas que dan cobertura informativa de la tragedia.

En lugar de lamentar la muerte de la maestra y taxista y aplicar la ley a los responsables, se convirtió en la defensora pública de los asesinos.

Sí, su Gobierno protege a los que extorsionan, roban, secuestran y trafican con drogas, y esa realidad la llevó a atacar a las y los periodistas.

La frase es dictatorial y autoritaria, aquí mando yo: “Les guste o no les guste, murió de un infarto”.

No murió de los golpes que le pudieron provocar el infarto.

Es decir, los delincuentes solo aparecieron en el video como parte del reparto delincuencial.

Rocó Nahle está sumida en una profunda decadencia de su Gobierno, apenas iniciado y ya plagado de mensajes claros de que en Veracruz mandan los delincuentes; el Gobierno estatal los protege y llama miserables a los periodistas, mientras no se hará justicia por la muerte de una mujer inocente y cuyo grave error fue no pagar la cuota de los criminales.