De dirigencia a delegación. De tomar decisiones a que, desde el Comité Nacional, les digan qué hacer.

Así va la telenovela del fracaso del Partido Acción Nacional en Coahuila, bajo la peor gestión de la historia, la de Elisa Maldonado, quien es investigada por el manejo muy turbio de casi seis millones de pesos destinados a la operación política de la pasada elección.

Ante la pérdida del registro por no obtener ni el tres por ciento de los votos, llegó muy apenas al 2.1, Jorge Romero decidió borrar de la cancha a la dirigencia estatal de Elisa y sus secuaces.

Llegará un enviado que tratará de revivir al panismo muerto bajo la figura del manejo de una delegación.

Y es que al no ir como aliados del PRI y, más aún, desde que los panistas dejaron de trabajar en barrios y en colonias, su estrepitosa caída era más que evidente.

De haber sido segunda potencia política en Coahuila hace ocho años, ahora bajaron hasta la quinta posición.

Súmele otro factor negativo. Los liderazgos se repartieron el botín de las candidaturas y todos se sienten jefes, generales, y la tropa de trabajo con la gente se diluyó.

Otro factor negativo fue la corrupción de panistas en administraciones como la de Alfredo Paredes y Mario Dávila en Monclova.

Ambos acabaron con el panismo aguerrido de la zona Centro.

Errores y más errores que provocaron que, hoy por hoy, el grueso de los panistas en todo el estado votó por las y los candidatos del PRI, bajo la figura del voto útil, para noquear a Morena con el 16 a cero.

El reto del panismo sin dirigencia y ahora como delegación no es nada fácil.

Se comieron entre ellos.