El bloqueo a las carreteras de varios estados en pleno Día de la Constitución refleja la inconformidad creciente por la inseguridad.
En Puebla, Ciudad de México, Jalisco, Michoacán, Querétaro, Chiapas, Sinaloa, Chihuahua y en Guanajuato los transportistas demandaron seguridad para su oficio.
Y es que están hartos de las extorsiones, del pago de cuotas, de las amenazas y los robos de varias agrupaciones delictivas.
Pero no se trata solo de los transportistas, sino también de los ciudadanos que hoy no pueden viajar en paz.
En el día de nuestra Constitución basada en las libertades, hoy no se puede viajar en libertad en las carreteras federales de esos y otros estados.
El crimen organizado está por encima del estado de derecho y, aunque el impacto económico es millonario, lo que más lastima es la impunidad en las carreteras, donde el Gobierno federal debe garantizar seguridad y no lo hace.
El llamado de atención es fuerte y claro, y el reclamo de los transportistas de carga no es sino el mismo de los ciudadanos golpeados por la inseguridad.
Sin duda, el gran pasivo de la Cuarta Transformación es la inseguridad y la errónea política de los «abrazos y no balazos».
Está bien claro que toda reforma constitucional no será suficiente si no existe un estado de libertad hoy agobiado por la delincuencia.
En Coahuila, el estado se esfuerza todo el tiempo para mejorar sus niveles de seguridad, porque sin seguridad no hay nada, como bien lo dice el gobernador Manolo Jiménez Salinas.






