La ley para anular una elección por intervención extranjera y la iniciativa para rechazar candidaturas de personajes ligados al narco reflejan la jugada tramposa de Morena.
En principio, anular una elección por intervención extranjera sería denunciada en la Cámara de Diputados, donde la mayoría aplastante es morenista.
Es decir, si en algún estado o en la elección presidencial Morena no tiene posibilidad de ganar, con toda facilidad se puede montar un escenario falso para anular la elección.
¿Y quién determinaría la anulación?
El Tribunal Federal Electoral, cuyos miembros no son militantes ni dirigentes morenistas, pero sí simpatizantes, porque obtuvieron esos cargos en el proceso que organizó y dictaminó ese partido político.
Ahora, por lo que hace a bloquear candidaturas de personajes ligados al narco, se trata de una decisión incongruente de un partido político que en seis años postuló a narcopolíticos como Rubén Rocha y muchos otros.
Imagine al senador Adán Augusto sancionar la iniciativa, con todas las pruebas que hay de que lideraba al cartel de “La Barredora”.
Ambos temas tienen un objetivo político, el primero y el segundo, de tratar de detener la caída de Morena por el hartazgo ciudadano ante tantos escándalos de corrupción y de impunidad.
Mientras no haya órganos autónomos encargados de aplicar ambos temas, las iniciativas de Morena serán consideradas como tramposas.
Solo ciudadanos sin intereses políticos podrían sancionar la nulidad de una elección y bloquear a las y los aspirantes a una candidatura por relaciones con el narco.
En los últimos ocho años, Morena solo provocó que los delincuentes se convirtieran en funcionarios públicos y los hechos lo demuestran.







