El pasado 28 de marzo nos enteramos de una de las noticias más tristes y trágicas en lo que va del sexenio del presidente AMLO; 40 migrantes murieron asesinados en uno de los centros migratorios en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Desde ese día hasta la fecha, ninguna autoridad acepta su responsabilidad en los hechos, no hay un solo funcionario de alto nivel separado del cargo o siendo investigado, no hubo una explicación que convenciera a los deudos; fueron asesinados a manos de los encargados de ese centro migratorio que decidieron dejarlos encerrados y huir del lugar.

En cualquier otro país, es más, en cualquier otro sexenio, ya habría renuncias sobre la mesa, ya habría carpetas de investigación abiertas en contra de director del Instituto Nacional de Migración, por muy amigo que fuera del presidente, pero antes de eso, y como suele pasar en este país, solo se detuvo a personal de bajo perfil.

Así es este México en el que todos tienen la culpa, menos el estado, en donde no se aceptan responsabilidades, en donde no se cometen errores, y si se cometen es culpa de todos, menos de las autoridades. 

Lo que pasó en Juárez simplemente demuestra que México se convirtió en lo que siempre soñó Donald Trump, ahora somos la Policía migratoria de Estados Unidos, pero, lamentablemente, ni siquiera estábamos preparados para eso.

Lo que pasó en Juárez fue un crimen de estado les guste o no, y ojalá algún día en este país se reconozcan los errores para no volver a cometerlos.