Vaya trabuco político que armaron el PRI y la Unidad Democrática de Coahuila.
Van por las 16 diputaciones locales en la próxima elección del domingo siete de junio.
La fortaleza de la unidad entre ambos partidos políticos se ve y se siente.
Un priismo unido y con intenso trabajo político en los 38 municipios, liderado por un gobernador que, en términos generales, mejora las condiciones de vida de los coahuilenses.
Y así lo sienten los ciudadanos al calificar a Manolo Jiménez Salinas como el mejor mandatario del país, con los niveles más altos de seguridad, junto con otros activos que valoran los ciudadanos, como la salud, la educación, las acciones de bienestar familiar, entre otros activos de su política pública.
El PRI está fortalecido por su Gobierno y, de cara a la elección, no se duerme en sus laureles y mantiene un gran activismo político en cada región.
Al frente del priismo está don Carlos Robles Loustaunau, quien cuenta con una amplia experiencia que se traduce en excelentes resultados.
Y del otro lado, la Unidad Democrática de Coahuila, nacida hace 30 años por el enorme político sindical y de verdadera izquierda originario de Ciudad Acuña, otro don, Evaristo Pérez Arreola.
Hoy está liderado por su hijo Lenin Pérez, político de gran experiencia y que heredó de su padre la capacidad de la lectura política efectiva.
El pulso político que lo caracteriza.
Unidos representan una gran fortaleza y la demostraron durante el registro ante la autoridad electoral.
Mientras la alianza de Morena y el PT se caracteriza por los pleitos y las disputas internas y un centralismo en sus decisiones, la Alianza por la Seguridad trae unidad, trabajo político y los resultados del Gobierno priista de Manolo Jiménez.







