Estados Unidos.- Los ataques en el Golfo Pérsico marcaron un nuevo punto crítico en la guerra que Irán mantiene con Estados Unidos e Israel, luego de que este martes lanzara ofensivas de represalia contra Emiratos Árabes Unidos. El conflicto, que entra en su tercera semana, ha dejado al menos 2,000 muertos y se extiende a varios países de la región, elevando la preocupación por sus implicaciones en la seguridad internacional y la estabilidad económica global.
En Emiratos Árabes Unidos, las agresiones provocaron el cierre temporal del espacio aéreo y afectaciones a la infraestructura energética, incluyendo el impacto de un dron en una terminal petrolera en Fuyairah, punto estratégico para exportaciones. Además, la caída de restos de un misil interceptado en Bani Yas dejó una víctima mortal. Paralelamente, la crisis se intensificó con ataques en otros frentes, como el lanzamiento de misiles iraníes hacia Israel y bombardeos israelíes en Teherán y Beirut, mientras que en Bagdad se registró un ataque con cohetes y drones contra la embajada estadounidense.
La tensión también se refleja en el cierre casi total del Estrecho de Ormuz, una vía clave por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial, afectada por drones y minas navales iraníes. Este escenario ya impacta los mercados internacionales, con un alza en el precio del crudo y crecientes riesgos de inflación y estancamiento económico. A pesar de los esfuerzos de Washington por restablecer la circulación en la zona, la falta de apoyo internacional ha complicado la respuesta, mientras Irán advierte que continuará sus ataques contra intereses estadounidenses en la región.







