Desde el jueves de la semana pasada hemos sido testigos de una crisis migratoria. Miles de personas provenientes de Haití ocuparon el puente internacional de Del Río y esperaban cruzar hacia los Estados Unidos, sin embargo en las últimas horas ya han sido repatriados cientos de ellos.

En los próximos días seremos testigos del gran debate que surge cada vez que llegan caravanas de migrantes a nuestro país y específicamente a nuestro estado: ¿Está fallando la estrategia?, ¿a qué están obligados los gobiernos?, ¿su tránsito significa un riesgo para ellos y para los mismos ciudadanos mexicanos?.

Primero que todo, nadie opta por un camino largo y lleno de riesgos, si no es porque en su país corre más peligro. Haití ha sufrido muchos cambios en los últimos años, el más reciente fue el magnicidio del presidente Jovenel Moise; los índices de violencia e inseguridad y la falta de elementos que garanticen la protección de sus habitantes, los hacen salir al costo que sea. 

Por otro lado, en México, de acuerdo a la Constitución, el gobierno está obligado a garantizar el respeto irrestricto de sus derechos humanos, ya que es uno de los principios en los que se sustenta la Ley de Migración publicada el 25 de mayo de 2011.

Entre esta ley podemos encontrar el Derecho a la no discriminación, a la asistencia consular, al libre tránsito, a solicitar asilo, a la dignidad humana, así como a la protección familiar, entre otros.

Estados Unidos ha cerrado sus fronteras y ha exhortado a México a que contenga la migración desde su frontera sur. El presidente mexicano ha enviado una carta a su homólogo estadounidense «dándole ideas» sobre los programas que debería implementar en los países centroamericanos y caribeños para evitar la migración. Hasta este punto pensaríamos que realmente su humanidad lo hace preocuparse profundamente por la situación crítica que se vive, sin embargo sorprende que en la reciente reunión de la Celac, este fin de semana, ni siquiera se tocó el tema. Un tema que involucra a todos y un tema que debería preocupar por encima de muchos otros, como mostrar amistad y reconocimiento a China. 

Cantaba Mercedes Sosa «Solo le pido a Dios, que el futuro no me sea indiferente, desahuciado está el que tiene que marchar a vivir una cultura diferente». Ojalá que no nos sea indiferente, o peor aún, que finjan una humanidad e interés… Y les creamos.