En Coahuila no podemos hablar de una educación de calidad sin hablar primero de la dignidad de nuestras maestras y maestros. Ellas y ellos forman generaciones, sostienen comunidades y enfrentan diariamente uno de los desafíos más complejos de nuestro tiempo: educar en medio de la violencia, la desconfianza y el desgaste emocional que atraviesa el sistema educativo mexicano.
Hoy, muchos docentes trabajan con miedo. Miedo a ser víctimas de acusaciones falsas, a quedar desprotegidos ante conflictos escolares o a enfrentar abusos dentro de sus propios centros de trabajo, por parte de directivos. Detrás de cada caso hay familias afectadas, carreras dañadas y, en ocasiones, profundas consecuencias emocionales. Ninguna sociedad puede aspirar a una educación fuerte si quienes enseñan viven en la incertidumbre.
Por ello impulsamos la Ley para la Protección de la Dignidad, Integridad y Derechos de las y los Trabajadores de la Educación en Coahuila. Esta propuesta no busca encubrir conductas indebidas ni limitar derechos de niñas, niños y adolescentes. Busca algo elemental: garantizar el debido proceso, proteger la salud mental del personal docente y ofrecer acompañamiento jurídico y psicológico cuando enfrenten situaciones injustas.
Defender a las y los maestros no es estar en contra de nadie; es estar a favor de la educación. Como sociedad, tenemos el compromiso de proteger y mejorar las condiciones de quienes sostienen nuestras aulas, especialmente frente a los enormes retos que hoy enfrenta la educación en México y en Coahuila. Porque cuando un maestro enseña con seguridad, respaldo y dignidad, gana toda la comunidad.






