La Organización Mundial de la Salud adelantó una pandemia mucho más grave que la causada por Covid-19: la crisis moral tras el coronavirus, una pandemia que podría acabar con más vidas que el propio virus.

¿En qué consiste este terrible mal? Si ya existía la desigualdad en el mundo, un proceso de vacunación global, dejaría aún más al descubierto la realidad precaria que viven millones de habitantes en este mundo.

Comenzó el proceso y la ONU anunció el mecanismo «Covax», que buscaría asegurar algún porcentaje de las vacunas para los países que estaban imposibilitados para realizar su compra.

¿Qué pasó? Lo mismo que antes de que existiera el covid: quién podía comprar, compró más. Quien no tenía, sólo vio crecer sus problemas en un sistema de salud colapsado por la falta de medicamentos, de personal y de instalaciones.

Hasta mayo, los países pobres no habían podido vacunar ni siquiera al 10 por ciento de su población.

Cuando comenzó la pandemia, veíamos angustiados cómo se acababa el papel sanitario, el gel antibacterial, los cubrebocas… Ahora que estamos inmersos en un proceso de vacunación, toca ver cómo se acaban las vacunas. Incluso cómo salen las farmacéuticas a vender sus «actualizaciones» en el biológico como si se tratara de una versión más nueva de un sistema de celular. Allá va la ONU de nuevo a pedirles que dejen de venderles una tercera dosis, si todavía hay personas muriendo por una primera. 

Hace algunos días volvió una manifestación de esa pandemia moral: el dilema si debían o no vacunarse de nueva cuenta los maestros, porque EEUU dijo que sus flamantes organizaciones y federaciones no aceptaban la vacuna Cansino ni Sinovac (ambas provenientes de farmacéuticas chinas, uno de los tantos países con los que no hay sociedad, mucho menos amistad). Corrieron los maestros ante la «poca» efectividad de un 80 por ciento en casos de gravedad, sin considerar que por lo menos en Coahuila había personas que ya quisieran estar protegidos en un «miserable» 80 por ciento. 

La neta somos buenos, hasta que nos atrapa el miedo a que el mal caiga sobre los nuestros. La neta esta pandemia sí va a matar a más personas que el propio virus.

 

 

 

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