El cuándo comemos es tan importante como el qué, de acuerdo con especialistas e investigaciones recientes que subrayan la importancia de sincronizar las horas comida con los ritmos circadianos del cuerpo humano para evitar posibles riesgos de salud.

A este enfoque se le conoce como «crononutrición», ya que estudia la relación entre los patrones temporales de alimentación, los ritmos circadianos y la salud metabólica.

«Nuestro organismo tiene horarios y este reloj central no está aislado, sino que está sincronizado con el exterior, principalmente a través de la luz y oscuridad, pero también con los cambios entre la ingesta y el ayuno o con los momentos de actividad y reposo», explicó la profesora Marta Garaulet, experta en crononutrición de la Universidad de Murcia.

Desajustes en estos ritmos pueden desencadenar problemas metabólicos y contribuir a enfermedades como la obesidad, el cáncer, la depresión y alteraciones metabólicas.

El momento de la comida actúa como un sincronizador para los relojes periféricos de órganos relacionados con la alimentación, como el hígado y el páncreas.

Comer fuera de hora puede afectar la respuesta de estos órganos, ya que el cuerpo está programado para funcionar de manera diferente durante las 24 horas del día. Por ejemplo, cenar tarde puede interferir con la secreción de insulina y reducir la tolerancia al azúcar, aumentando el riesgo de obesidad.

«El organismo no está igual de preparado a cualquier hora del día para gestionar los alimentos. Es tan importante el cuándo comes como el qué comes», señaló a investigadora Lidia Daimiel.

La ingesta restringida en el tiempo, conocida como ayuno intermitente, también está en estudio como una forma de modular los relojes internos y mejorar la salud metabólica.

La crononutrición destaca la importancia de respetar los ritmos circadianos y ajustar las conductas alimenticias de acuerdo con los cambios biológicos que siguen un ciclo de 24 horas. El sueño de calidad también actúa como un sincronizador externo, y la alteración en los horarios naturales de comida puede afectar el sueño y la capacidad de digestión.

A pesar de estos hallazgos y recomendaciones, los científicos advierten que no hay recetas mágicas y que cada individuo puede tener noches biológicas diferentes.