Un estudio arqueológico reveló que aunque los animales eran considerados sagrados en el antiguo Egipto, estos ejemplares vivieron con enfermedades y padecimientos debido a la mala alimetnación, falta de luz solar y otras condiciones precarias.

Los egipcios les atribuían poderes sobrenaturales y los consideraban portadores de una conexión íntima con los dioses; sin embargo, las evidencias que encontró un equipo de investigadores, a partir del análisis de momias de animales provenientes de Saqqara y Gabbanat el-Qurud, especialmente perros y babuinos, muestran que no gozaron de vida privilegiada.

En Saqqara, donde millones de animales sagrados fueron enterrados en santuarios dedicados a deidades específicas, se descubrió que los perros momificados sufrían numerosas enfermedades y fracturas. Aunque estos animales eran parte vital de la actividad económica de la ciudad, criados a gran escala y sacrificados para satisfacer la demanda de momias, los restos óseos indican que vivían en espacios confinados y no recibían el cuidado adecuado.

Un estudio separado, enfocado en los babuinos, se centró en 36 ejemplares hallados en Gabbanat el-Qurud. Se determinó que estos animales, provenientes de regiones lejanas como Sudán y la península arábiga, sufrieron condiciones aún más adversas.

Los babuinos criados en cautividad presentaban osteoartritis, raquitismo, deformidades en extremidades y cara, así como dientes mal desarrollados, todo atribuible a una dieta deficiente y la falta de exposición a la luz solar.

La investigación distinguió entre babuinos nacidos en libertad y aquellos criados en cautiverio, revelando que los últimos padecían enfermedades metabólicas y deformidades.

Aunque no se encontraron signos de abuso físico, los científicos concluyeron que los egipcios, en su intento de reverenciar a estos animales, sin saberlo, crearon condiciones perjudiciales para su salud.

Para los antiguos egipcios, cada especie de animal estaba vinculada a deidades específicas, actuando como intermediarios entre los humanos y los dioses. Gatos representaban a Bastet, perros a Anubis, y así sucesivamente. La momificación de estos animales era una práctica ritual, ofrecida en templos y tumbas como garantía de protección divina y vida eterna para los difuntos.