Ciudad de México.- El reciente proceso electoral en México será recordado como uno de los más violentos en la historia del país, particularmente para los candidatos a presidencias municipales. De los aspirantes asesinados, al menos 16 buscaban ser alcaldes, y muchos contaban con amplias posibilidades de resultar vencedores en las elecciones.
La violencia del crimen organizado no solo acabó con sus vidas, sino también con los proyectos políticos de sus partidos. En 12 de los 16 casos, los partidos o coaliciones a los que pertenecían los candidatos asesinados no lograron ganar las elecciones, según los conteos de votos casi concluidos en todo el territorio nacional.
Ejemplos de esta tragedia se encuentran en El Mante, Tamaulipas, donde el candidato del PAN Noé Ramos Ferretiz fue asesinado, y en Coyuca de Benítez, Guerrero, con el asesinato de José Alfredo Cabrera. En ambos casos, sus esposas asumieron las candidaturas, pero los resultados no les favorecieron. La violencia y la inseguridad han dejado una huella profunda en el panorama político mexicano, afectando gravemente la democracia del país.







