Juan nació en México, desde joven tuvo la inquietud de servir, engrandecer su país y ver por los mexicanos. Comenzó en el ambiente político con la firme convicción de que México merecía buenos gobernantes y podía crecer de forma honesta y honrada.
Juan sirvió a su gente desde distintas plataformas. En algún momento, bajo sabrá Dios qué bendiciones, tomó la decisión de abrir sus cuentas en el extranjero, millones en fideicomisos con otros países; sin impuestos, sin necesidad de comprobar su procedencia.
Juan ha tenido que hacer sus declaraciones patrimoniales, en las cuales no ha incluido las modestas cantidades que tiene en el extranjero.
Aquí, la población que confía y que cree en cada promesa de partido, ha apostado a que impulsará leyes, políticas públicas y programas para apoyar la economía mexicana; economía en donde no se ve comprometido su patrimonio como el del resto de los ciudadanos.
Juan habla bonito, dice que el pueblo debe pagar sus impuestos, pero él podría no estarlo haciendo.
Juan sabe que no está cometiendo ningún delito, que puede salir a decir que es una medida meramente preventiva, para proteger su futuro y el de su familia; Juan sabe que su partido lo va a respaldar, que dirán hasta el final que es un simple mexicano comprometido con su nación. Que le tendieron una trampa, que él no sabe de qué hablan.
Sin embargo, en un país tremendamente corrupto, lleno de políticos sucios y tramposos, sabrán, que sabemos, que no está bien. Juan podría estar lavando dinero, evadiendo impuestos, hasta enriqueciéndose a costa del erario público.
Juan debería estar asustado. Sin embargo, sabe que si hay algo más seguro que su dinero en el extranjero, es su libertad en un país en el que no pasa nada. Donde no se investiga, no se detiene, no se impide que quien abusa lo siga haciendo.
Juan navega con bandera de honesto por no decir mentiras, pero tampoco dice la verdad.
No seas como Juan, no confíes en Juan, no votes por Juan.






