En vísperas del aniversario 442 de nuestra ciudad, una tragedia golpea nuestra historia. Casa Alameda o «La casa roja de la alameda», como comúnmente la ubican los habitantes de Saltillo, era más que una mansión vieja y hoy ha quedado reducida a cenizas.

Con cien años de antigüedad, se levantaba orgullosa la edificación en la esquina de Purcell y Ramos Arizpe en el centro histórico de Saltillo, con su estilo francés construida en adobe y madera, a pesar del tiempo se mantenía como un recordatorio emblemático del Saltillo antiguo, de otras épocas, de esas de las que nos hablan con un dejo de nostalgia nuestros padres o nuestras abuelas.
Casa Alameda era un centro cultural que se dedicó en sus últimos años a promover actividades artísticas y culturales de la ciudad en donde había exposiciones de arte, eventos de música jazz, cubana, tradicional mexicana además de cultivar el acervo cultural al dar talleres de arte y teatro.
Sin duda es una gran pérdida para el gremio de artistas en una ciudad donde son pocos los espacios independientes que se mantienen en pie a base de trabajar todos los días para su mantenimiento. La lucha de los dueños y jóvenes que rescataron Casa Alameda debe ser elogiada por haber dedicado este tiempo a contribuir a la cultura y al arte.
Esta semana, tendrían lugar en Casa Alameda algunas puestas en escena que se presentan dentro de la cartelera del Fesival de Monólogos Coahuila. Se desconoce de momento a dónde serán re ubicados.
Sus muros albergaron instituciones
y escuelas entre ellas la Escuela Superior de Música de la UAdeC y la Academia Jaime Balmes. En algún momento albergó los Juzgados y el Tribunal Supremo del Estado.

Fue el lugar donde el gobernador Ignacio Cepeda Dávila se quitó la vida a seis días de haber discutido con el entonces presidente Miguel Alemán
Erigida a principios del siglo XX, Casa Alameda queda reducida a cenizas la madrugada de este 18 de julio ante la mirada incrédula de los transeúntes y los trabajadores del recinto que impotentes ante el siniestro, solo pudieron verla arder.








