Con el proceso electoral en curso y entrando a su etapa intermedia, en los últimos días hemos sido testigos de múltiples actividades por parte de las y los candidatos; proselitismo político en su máximo esplendor. Propaganda en redes sociales, recorridos, espectaculares, entrevistas y debates forman parte del contenido que hemos consumido durante las últimas semanas. El próximo 7 de junio es una fecha que debemos marcar en nuestro calendario y cumplir con nuestro deber cívico de salir a votar.
En tiempos donde las diferencias políticas parecen dividir cada vez más a la sociedad, es importante entender que la democracia también representa un procedimiento para llegar a un común acuerdo. Más allá de partidos, colores o ideologías, el voto sigue siendo la herramienta más importante que tenemos las y los ciudadanos para decidir el rumbo de nuestro entorno.
Lo bueno, lo malo y lo feo…
Lo bueno es que, a diferencia de otros procesos electorales, las campañas ya no son tan extensas como antes. Hoy las y los candidatos tienen menos tiempo para posicionarse frente al electorado, por lo que se ven obligados a maximizar cada espacio y aprovechar cada herramienta disponible para transmitir sus propuestas y conectar con la ciudadanía. Las redes sociales, los recorridos y las entrevistas se han convertido en parte fundamental de campañas mucho más dinámicas y aceleradas.
Lo malo es que también hemos visto campañas muy parecidas entre sí. Mismos formatos, mismos discursos y estrategias muy repetitivas que terminan generando poco interés entre la ciudadanía. A esto se suma que muchas veces el tiempo y los recursos disponibles son utilizados para la guerra sucia en lugar de presentar propuestas reales. Hoy, con el crecimiento de la inteligencia artificial, existen herramientas mucho más sofisticadas para desinformar, manipular contenido o atacar políticamente a un candidato, algo que sin duda representa un reto importante para los procesos democráticos actuales.
Y lo feo es la apatía que existe por parte de gran parte del electorado. En cierta forma es natural al tratarse de una elección huérfana, sin el peso de una elección presidencial o figuras nacionales que generen mayor expectativa. Sin embargo, también refleja una desconexión entre los partidos políticos y la ciudadanía. No se percibe mucho interés ni emoción por el proceso electoral, y ahí es donde los partidos están fallando: en lograr que las personas vuelvan a sentirse representadas e involucradas en la vida pública.
Ciudadanizar la política se ha convertido en un concepto muy utilizado en los últimos años. Si bien es cierto que se aplaude el intento de acercar a la ciudadanía a los temas de la agenda pública y de sembrar en las nuevas generaciones el interés por participar activamente en la vida política, aún quedan muchos desafíos por resolver.
Pero también es cierto que nosotros, como ciudadanos, tenemos que poner de nuestra parte. Participar no debe limitarse únicamente al día de la elección, implica involucrarnos, conocer a las y los candidatos, cuestionar sus propuestas, exigir resultados, alzar la voz y emitir un voto informado. Porque al final del día no podemos quejarnos de los gobiernos que tenemos, si como sociedad tampoco hacemos algo por cambiar las cosas. La democracia no solamente se construye desde los partidos políticos o las instituciones, también se construye desde la participación ciudadana.
P.D: Todas mis opiniones son a título personal y no representan postura alguna de mi cargo público.
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