La calidad del aire debe dejar de tratarse como un asunto ambiental secundario. En Saltillo y su zona conurbada es, simultáneamente, un problema de salud pública, planeación urbana, movilidad, competitividad industrial y gobernanza.

La Región Sureste de Coahuila ha experimentado una expansión urbana e industrial sostenida; sin embargo, la infraestructura para conocer con precisión qué respira la población no ha crecido con la misma velocidad. Esa brecha debe preocuparnos tanto como las emisiones mismas.

Los saltillenses nos sentíamos orgullosos cuando los visitantes repetían cotidianamente frases que decían “La Atenas de México o también, Saltillo la ciudad del clima ideal”. con el paso del tiempo una, se fue por sí sola y la otra nos la hemos ido acabando, ni somos ya la Atenas de México y nuestro clima hace mucho que dejó de ser ideal, más bien en el futuro cercano tenemos que cuidar de no destruir nuestra fuente de vida primaria. la calidad del aire es un asunto que urge atender.

Los datos oficiales disponibles muestran una realidad que no admite simplificaciones. Entre 2020 y el 7 de noviembre de 2023, la estación automática de Saltillo registró, para partículas PM?. ?.  Organización Mundial de la Salud. (2021). 
WHO global air quality guidelines: Particulate matter (PM?. ? and PM??), ozone, nitrogen dioxide, sulfur dioxide and carbon monoxide. World Health Organization (PM partículas micras), un parámetro de esto es que, un cabello humano mide 70 micras. una pm2.5 es 30 veces más chiquita que el cabello y esa micra está hecha de; hollín de diésel y gasolina, humo de fábricas y de quemas, metales pesados, sulfatos y nitratos. 414 días con calidad buena, 564 regular y 14 mala, además de 216 días con información insuficiente.

Para PM?? se reportaron 792 días buenos, 199 regulares y cinco malos, con 212 días de información insuficiente (Secretaría de Medio Ambiente de Coahuila [SMA], 2023). Entre los días efectivamente clasificados por PM?. ?, los días regulares superaron a los buenos. No es correcto, por tanto, resumir la situación diciendo simplemente que Saltillo “tiene buen aire”.

Existe, además, una limitación estructural: la estación oficial de Saltillo, instalada en 2016 en la zona centro, tiene una cobertura de tipo local o vecinal y un área de influencia aproximada de cuatro kilómetros (SMA, s. f.). Esa estación es valiosa, pero no puede representar por sí sola una mancha urbana extensa, heterogénea y vinculada funcionalmente con Ramos Arizpe y Arteaga. El primer problema de política pública es, entonces, elemental: antes de administrar la contaminación hay que medirla correctamente.

Esta debilidad importa porque la contaminación no se distribuye uniformemente. Tránsito vehicular, corredores industriales, construcción, polvo resuspendido, combustión, condiciones meteorológicas y topografía generan exposiciones diferentes según la zona y la hora. Por ello, una política metropolitana debería combinar estaciones de referencia con una red de sensores complementarios calibrados en norte, sur, oriente, poniente, centro, corredores industriales y los principales ejes Saltillo–Ramos Arizpe–Arteaga.

La época del año también modifica el riesgo. Durante los meses fríos pueden presentarse condiciones atmosféricas que dificultan la dispersión de contaminantes, mientras que polvo, sequedad, viento, incendios, movilidad y actividad industrial pueden alterar las concentraciones en otras temporadas. Esto obliga a abandonar los promedios anuales como única explicación y publicar información diaria, horaria y estacional. La NOM-172-SEMARNAT-2023 exige precisamente comunicar de manera clara, oportuna y continua el Índice de Calidad del Aire y Riesgos a la Salud y es obligatoria para los gobiernos estatales o municipales que operan sistemas de monitoreo (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales [SEMARNAT], 2024).

El componente sanitario es decisivo. Las partículas PM?. ? son suficientemente pequeñas para penetrar profundamente en el sistema respiratorio y su exposición se asocia con enfermedades cardiovasculares y respiratorias y con mortalidad prematura. La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021) estableció como guía para PM?. ? un promedio anual de 5 µg/m³ (microgramos por metro cubico, es una millonésima parte de un gramo), esto es la forma de medir cuanta contaminación hay en un cubo de aire de 1metro por 1 metro. y un promedio de 24 horas de 15 µg/m³. La protección debe concentrarse especialmente en niñas y niños, personas mayores, mujeres embarazadas y personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares.

¿Cómo estará Saltillo dentro de diez años? Aquí debe evitarse una falsa precisión. Con la información pública disponible no es científicamente responsable asignar un porcentaje exacto de probabilidad a la calidad del aire de 2036. Faltan una serie histórica espacialmente robusta, cobertura metropolitana suficiente y modelos locales consolidados. Sí puede formularse un escenario de riesgo: si aumentan población, parque vehicular, expansión urbana y actividad industrial sin una reducción proporcional de emisiones, transporte público eficiente, control de fuentes y monitoreo suficiente, la presión sobre la calidad atmosférica crecerá. Si se interviene ahora, el escenario puede ser distinto.

La respuesta debe ser institucional.  Crear un Sistema Metropolitano de Gestión de la Calidad del Aire Saltillo–Ramos Arizpe–Arteaga, coordinado por el Gobierno de Coahuila y los tres municipios. Su consejo técnico debe incorporar universidades y centros de investigación; cámaras y organismos empresariales; instituciones educativas; organizaciones ambientales y representantes ciudadanos. Pero la participación social no debe diluir responsabilidades: medir, inspeccionar y sancionar corresponde a las autoridades competentes.

El sistema debería tener, como mínimo, cinco obligaciones: ampliar y auditar la red de monitoreo; publicar datos abiertos en tiempo real; elaborar un inventario metropolitano actualizado de emisiones; establecer protocolos estacionales y de contingencia; y publicar anualmente metas, resultados y fuentes prioritarias. Las universidades deben validar metodologías y estudiar exposición y salud. Las empresas deben medir y reducir emisiones de fuentes bajo su responsabilidad. Las escuelas pueden incorporar educación ambiental y protocolos para episodios de mala calidad. Los ciudadanos deben recibir alertas comprensibles y contar con canales eficaces para denunciar quemas, emisiones ostensibles y otras conductas contaminantes.

En materia de cumplimiento tampoco basta exhortar. Las fuentes fijas deben ser inspeccionadas por la autoridad competente según su jurisdicción; cuando exista incumplimiento de límites, permisos u obligaciones ambientales deben aplicarse medidas correctivas y, en su caso, sanciones. Para las fuentes móviles se requieren programas de verificación técnicamente confiables, control de vehículos ostensiblemente contaminantes y políticas de movilidad que reduzcan la dependencia del automóvil. La industria no debe ser tratada como culpable por definición, pero tampoco puede quedar fuera de un esquema verificable de rendición de cuentas.

El objetivo para 10 años, debería ser sencillo de expresar y difícil de evadir: que cualquier habitante pueda saber, en tiempo real y con evidencia técnicamente confiable, qué aire está respirando, qué riesgo representa y qué autoridad o fuente debe actuar. El aire no reconoce los límites entre Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga. La gobernanza tampoco debería reconocerlos. Lo que no se mide bien no puede administrarse; lo que se mide, pero no se transparenta no genera rendición de cuentas; y lo que se conoce, pero no se corrige termina pagándose con salud, productividad y calidad de vida. Generar gobernanzas efectivas y planificadas para que el tiempo no nos alcance en esta y otras tareas de la ciudad y la región.