Culiacán, Sinaloa.— El río Tamazula, que atraviesa la capital sinaloense, registra su nivel más bajo en lo que va del año tras el cierre de compuertas en varias presas por parte de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), con el objetivo de preservar las reservas hídricas durante la temporada de estiaje. Esta decisión ha dejado al descubierto una gran cantidad de desechos sólidos —como llantas, botellas de plástico y electrodomésticos— acumulados en el lecho del río, evidenciando el deterioro ambiental y la falta de conciencia ciudadana.

La reducción del caudal no solo ha afectado la imagen urbana y generado riesgos sanitarios, sino que también ha alterado el equilibrio ecológico del río. La vegetación ha comenzado a colonizar zonas antes sumergidas, mientras que aves y peces enfrentan serias dificultades para adaptarse a un entorno más árido y limitado en recursos. El impacto ambiental se suma a la crisis hídrica que vive la entidad, donde las 11 principales presas se encuentran, en promedio, a solo 6.8 por ciento de su capacidad.

El cierre de compuertas es parte de un conjunto de medidas urgentes para enfrentar la sequía más severa en cinco décadas. La presa El Salto se sumó recientemente a las otras cuatro que ya dejaron de abastecer agua para uso agrícola, urbano e industrial. La reducción drástica en la superficie sembrada, especialmente de maíz, pone en entredicho la capacidad productiva de Sinaloa, estado que aún no recibe respuesta a la solicitud de declaratoria de emergencia por sequía, enviada al gobierno federal.