Saltillo, Coah.- Este 25 de julio, la ciudad de Saltillo celebra sus 445 años de fundación; como una de las más antiguas del norte de México, y entre su historia guarda que fue inspiración para un célebre artista: el reconocido Edward Hopper (Estados Unidos, 1882-1967) visitó en 1946 esta urbe junto a su esposa Josephine, se subió al techo del Hotel Arizpe en que se hospedaba y sacó su lienzo, sus pinceles, sus acuarelas y dio rienda suelta a plasmar las imágenes apacibles que veía.

El pintor de obras emblemáticas como la famosa “Nightwalks” (1942), la cual también retrata una ciudad, pero con habitantes, tiene esta especial relación con Saltillo: en sus obras se ve el pasado de esta ciudad mexicana que lo conquistó para pasar el tiempo inmortalizándola en obras que hoy están en prestigiosos museos.

A esta obra la tituló “El Palacio” (1946), justo el nombre del famoso cine saltillense que aparece. El cuadro está en la colección del Whitney Museum of American Art, en Nueva York.

En esta capital creó distintas obras que aquí te presentamos y presentamos partes del artículo que Diego Ávila escribió en el medio Travesía Digital.

Según describe el autor de este texto, “imposibilitados de usar su coche, el matrimonio compuesto por el artista y su esposa Josephine (a quien Edward se refería como Jo) decidieron hacer un viaje inusual. Se dirigieron a Penn Station, tomaron un tren y partieron rumbo a México. ¿Su destino? La Ciudad de Méxioco. Sin embargo, el ruido y el bullicio de una gran metrópoli era lo último que el pintor estaba buscando. De este modo, y desencantado con la capital mexicana, Hopper decidió seguir el consejo de su amiga, la curadora Katharine Kuh, con quien se había encontrado en la ciudad y a quien le había preguntado si conocía algún sitio ‘sin monumentos reconocidos, o atracciones turísticas pintorescas donde él pudiese sentirse más a gusto’. La curadora tenía un lugar en mente: Saltillo”.

Otra de las obras en las que se alcanza a ver la cúpula del Teatro García Carrillo.

“Fundada con el nombre de Villa de Santiago del Saltillo en 1577, con el tiempo el pequeño asentamiento creció hasta consolidarse como la última gran ciudad al norte del virreinato de la Nueva España. La urbe tenía fuertes lazos con ciudades mineras como Zacatecas y Durango y, más importante, fungía como un centro de acopio y distribución para los pueblos, misiones y presidios que existían en los actuales territorios de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Texas, Nuevo México, Chihuahua, Sonora y Sinaloa. Además, desde el siglo XVII comenzó a celebrarse una feria anual que, celebrada en septiembre y principios de octubre, atraía lo mismo a mercaderes de Tierra Adentro que a los misioneros tejanos de San Antonio, pues la gran mayoría de mercancías que se ofertaban en ella provenían de otras regiones del virreinato, o inclusive de España, Flandes, China y Filipinas”.


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Otra pieza que plasmó es “The Church of San Esteban” (1946), donde se ve esta iglesia y la Catedral; se halla en la colección del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

“La nueva autopista (que conectaba Laredo con la Ciudad de México) se convirtió en un imán de viajeros estadounidenses que buscaban hacer road trips y, con sus edificios coloniales y su oferta de artesanías textiles, Saltillo se posicionó rápidamente como una parada popular en la ruta”.

“A su llegada, el matrimonio Hopper se hospedó en la casa de la familia Guajardo, ubicada en la avenida Victoria en el centro saltillense, y el pintor desarrolló una curiosa relación de amor-odio con la ciudad. Inicialmente se quejó de que Saltillo era igualmente ruidosa y congestionada, además de que al no tener un coche, era prácticamente imposible moverse. Sin embargo, también disfrutaba muchísimo el clima, la luz y la presencia de las montañas cercanas, aunque llegó a decir que “estar entre montañas no significa que puedas ver ninguna de ellas. Rodean todo el lugar, pero siempre hay muros, torres o incluso señales eléctricas, que estorban la vista”.

Se alcanza a apreciar la parte de la iglesia de San Esteban que da a la calle Victoria y el antiguo banco de Saltillo.

“No obstante, en los dos meses que duró su estadía pintó tres cuadros desde la azotea de la casa donde se hospedó: ‘Palms at Saltillo’, ‘Sierra Madre at Saltillo’ y ‘Saltillo Mansion’. Además, una corta visita a la vecina ciudad de Monterrey en ese mismo viaje resultaría en otro cuadro: ‘Monterrey Cathedral’”.

También se hospedó en otro hotel que hoy no existe, cercano a la Alameda, desde donde pintó este y el siguiente cuadro.

 

Otra vista del techo del otro hotel que visitó en Saltillo, también sobre la calle Victoria.

“Hoy en día, las acuarelas que realizó en Saltillo permanecen como una peculiaridad dentro de su producción pictórica, y si bien la casa en la que se hospedó en su primera visita fue demolida en 1972, el resto de los paisajes urbanos que retrató no han cambiado mucho. Entre ellos, y aunque ahora funciona como escuela, el edificio colonial californiano que alguna vez albergó al Hotel Arizpe, permanece como un silencioso testigo de cómo una inadvertida y quizá algo desgastada ciudad al norte de México, se convirtió en la inesperada musa de uno de los artistas más reconocidos dentro de la historia del arte del siglo XX”.