Eliza Maldonado Luna quiere ser la nueva líder del PAN en Coahuila, pero no debe ser. Y no debe ser, porque la falta liderazgo y méritos para sacar a su partido político del profundo pozo a donde fue a caer –producto del egoísmo y la falta de unidad de sus dirigentes–.
Las últimas dos elecciones demuestran que bajó el supuesto liderazgo de Chuy de León, títere de Memo Anaya.
Acción Nacional no solo perdió alcaldías y diputaciones locales y federales sino también perdió el rumbo y la cohesión, producto de tanto egoísmo y la pelea entre los dirigentes de la zona centro y los laguneros.
En ese momento, los panistas tuvieron la oportunidad, pero su pasividad los hizo desaprovecharla.
Ahora será la renovación y Memo Anaya pretende pactar con Mario Dávila para poner a Eliza Maldonado Luna, una mujer que sigue la línea de Mario Dávila y del nefasto alcalde de Monclova, Alfredo Paredes, acusado de corrupción que lo llevó a perder la diputación federal.
Al margen de los deseos de imponerla, se trata de una panista sin experiencia, ni liderazgo.
Luego de Chuy de León, el PAN ya no podría soportar un nuevo liderazgo de imposición y eso representa Eliza.
De ahí que ya se apunta la maestra Esther Quintana. Ella no solo tiene liderazgo y experiencia, sino que saben bien de qué adolece su partido político y cuáles son aún los activos que tiene.
Lo mejor que le podría pasar al PAN, es que fuera la maestra Quintana.
Solo así estarían en condiciones de aliarse con el PRI en la madre de todas las batallas; la elección de gobernador de Coahuila del 23.






