El cine mexicano parece tener dos vertientes: por un lado, tenemos cintas de divertimento vacías y huecas, mismas que no se esmeran en presentar un producto que transcienda, cambie, dialogue o por lo menos haga reflexionar al espectador, por otra parte, tenemos películas de bajo presupuesto, que, si bien no arriesgan del todo en su propuesta, si muestran un retrato social al cual muchas veces le damos la vuelta. 

Sin señas particulares, ópera prima de la directora mexicana Frenada Valdez, nos muestra un retrato crudo y real de la desigualdad y la tragedia de las madres que buscan a sus hijos, de los hijos que vuelven a casa sin familia y de cómo el narcotráfico ha arrebatado la paz de esta tierra.

Tras un largo tour por algunos de los festivales más importantes del mundo, y después de recibir el premio de la audiencia en Sundance, Sin señas particulares se presenta en las salas de cine de México, tratando de ganarse un lugar dentro del séptimo arte en nuestro país.

La historia nos presenta a Magdalena, interpretada de manera vívida por la actriz Mercedes Hernández (Somos.), y su travesía al tratar de encontrar a su hijo, mismo que dejó su pueblo rumbo a Estados Unidos y jamás volvió. En la búsqueda, Mercedes conoce a diferentes personajes que también buscan a sus familiares desaparecidos, que al igual que ella, están dispuestos a llegar hasta las últimas circunstancias para encontrarlos. 

Si bien la anécdota es bastante sencilla, el horror que representa es algo que, lamentablemente, hemos escuchado más de una vez en México, y no por eso resulta menos escalofriante, al contrario, la película resulta en un ejercicio bastante personal y confortativo con el espectador, dejando mucho tiempo a la reflexión y el diálogo.

Sin señas particulares no presenta una mega producción hollywoodense, es un ejercicio de introspección y un retrato social que a momentos incomoda. Es contemplativa, los diálogos son sencillos y la fotografía choca con el discurso de manera frontal y repetitiva, dejando un sabor de boca agridulce. 

A momentos la cinta logra que olvidemos que estamos viendo una película, adentrándose un poco más en una fotografía documental. Los rostros aquí en realidad no importan, los personajes de la historia somos todo y la tragedia es nuestra.

El planteamiento de la terrible pérdida y la incertidumbre se toca de una manera directa, sin rodeos, y la manera en la que el relato resuelve la situación de la búsqueda mantiene a la expectativa al público. 

Podríamos exigirle más a la cinta, sobre todo en el tercer acto, cuando la vuelta de tuerca se convierte en algo un poco más predecible, pero los elementos que nos llevan a la resolución están bien cimentados y ejecutados. Vemos como, literalmente, el diablo está entre nosotros, como se ha logrado meter en nuestras casas, en nuestra tierra, y, sobre todo, como el fuego termina por incendiarlo todo.

La directora Fernanda Valdez logra lo que no cualquier cineasta mexicano logra: crear un ambiente que nos sumerja como público. La película no es perfecta, y no se trata de buscar comparativas con el “otro” cine mexicano, pero Sin señas particulares arriesga mucho más que muchas otras producciones de nuestro país, y por ello vale la pena.

Si no te gustan las escenas contemplativas o si te parece lenta la manera de narrar hechos reales sin tanta ficción, esta cinta no es para ti, pero tal vez deberías darle una oportunidad. Los 90 minutos gastados aquí sirven a la vez como ofrenda a todas esas madres que siguen buscando a sus hijos.

Calificación: 8.0