La fuerte crisis y el inminente colapso del sistema de pensiones en muchos Países, auguran un futuro incierto para transitar con dignidad la  vejez; a la par, la esperanza de vida hoy es mayor que nunca y las políticas de natalidad están volviendo  un mundo de “viejos”, que en muchos casos ya son considerados como una carga económica,  no aptos ni útiles socialmente, que sólo ofrecen problemas y poco o en nada contribuyen a la solución de los grandes problemas sociales y ambientales que enfrenta el planeta; hasta en las sociedades más desarrolladas o de las llamadas del primer mundo.

La población es más longeva y hay menos nacimientos, por lo tanto hay menos trabajos en activo y menos contribuciones para asegurar una pensión a los mayores; junto con la automatización, la robótica y la inteligencia artificial, se está desplazando a cientos de miles de los empleos formales y los obligan al paro forzoso o a los resquicios de la economía informal, que es incapaz de garantizar las prestaciones y derechos laborales; mientras el Estado que es el responsable y salva guarda, se desentiende de ello y deja en manos de particulares y empresas privadas la “solución” de este enorme problema.

La soluciones, aunque no fáciles pasan por una solidaridad generacional, pero no sola, se requiere la participación Estatal; su obligación, para acabar con la paradoja de financieras con enormes ganancias y pensiones miserables, unas políticas públicas solidarias y cooperativas, inversiones públicas productivas, fomento de empleo y creatividades, que faciliten una sociedad más participativa, e incluyente, que incorpore la gran experiencia y capacidad de los mayores en tareas útiles y necesarias.

En México se ha seguido el mismo esquema de desprotección a los trabajadores, primero al pasar las cuentas individuales; las contribuciones de los trabajadores inscritos en el Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS), en 1997, luego las del ISSSTE, en 2007, que dejaron sin defensa colectiva a los trabajadores y los pusieron a merced de vampiros financieros que aumentaron enormemente sus ganancias; en la práctica dejaron a los trabajadores con sólo sus aportaciones, como si fueran ahorros y pensiones auto financiables; el desamparo se volvió brutal y el futuro, más  que incierto… deplorable… miserable.