Hablar de testamento todavía provoca resistencia. Se le relaciona con la edad, la enfermedad o la muerte, cuando jurídicamente pertenece a otro terreno: el de la previsión.

Testar no anticipa el fallecimiento; permite ordenar sus consecuencias. Es decidir, mientras existe plena libertad para hacerlo, qué ocurrirá con el patrimonio y evitar que esa decisión tenga que ser sustituida después por reglas legales, procedimientos y posibles desacuerdos familiares.

Desde el derecho civil, el testamento es un acto personalísimo, revocable y libre mediante el cual una persona dispone de sus bienes y derechos para después de su muerte. Su importancia no depende de poseer una gran fortuna. Una casa, un terreno, derechos sobre un negocio, cuentas o inversiones pueden generar conflictos cuando no existe una voluntad claramente expresada. Sin testamento, los bienes no quedan sin dueño, pero será la ley la que determine quiénes pueden heredar y deberá tramitarse la sucesión correspondiente.

El problema tiene una dimensión nacional. Una referencia difundida con datos atribuidos al Registro Nacional de Avisos de Testamento estimó que apenas 4.7% de la población mexicana cuenta con testamento. La cifra debe leerse con cautela, porque los avisos registrados no equivalen necesariamente al número actual de personas vivas con testamento; sin embargo, ilustra la baja cultura testamentaria. La propia Secretaría de Gobernación informó en 2025 que el registro nacional acumulaba más de 7.5 millones de avisos, aproximadamente la mitad generados en el marco de las campañas anuales.

Para Saltillo y la Región Sureste de Coahuila el tema merece especial atención. Se trata de una zona con crecimiento urbano, industrial y patrimonial, en la que nuevas generaciones adquieren vivienda, terrenos, acciones, derechos y otros activos. Además, la movilidad laboral entre Saltillo, Ramos Arizpe, Arteaga y Monterrey ha modificado las dinámicas familiares y patrimoniales. En 2026, notarios de Saltillo han advertido incluso un mayor interés de adultos jóvenes por testar. Esto rompe otro prejuicio: el testamento no es un documento exclusivo de adultos mayores.

Precisamente por ello adquiere relevancia la campaña que actualmente impulsan el Gobierno de Coahuila y el Colegio de Notarios de Coahuila. En 2026 el costo preferencial anunciado para el testamento es de aproximadamente 2 mil pesos, equivalente a un descuento cercano al 50% respecto del costo ordinario señalado por el propio Colegio; además existen condiciones todavía más favorables para determinados beneficiarios y gratuidad para algunos sectores. La campaña fue ampliada para facilitar que más familias puedan acceder al instrumento.

Aprovechar estas condiciones no debe verse simplemente como obtener un descuento. Es una oportunidad para recibir asesoría notarial y revisar seriamente cómo está integrado el patrimonio, quiénes serán los herederos, si conviene establecer legados o sustituciones y quién deberá intervenir en la ejecución de la voluntad testamentaria. Un testamento mal pensado puede generar dificultades; uno correctamente asesorado reduce incertidumbre.

Desde la perspectiva demográfica, esto será cada vez más importante. Vivimos más años, coexisten más generaciones y las familias presentan estructuras más diversas: segundas uniones, hijos de distintas relaciones, personas sin descendencia y patrimonios acumulados durante décadas. Confiar simplemente en que “la familia se pondrá de acuerdo” no es planeación patrimonial.

Testar significa ejercer libertad, pero también responsabilidad. La verdadera pregunta no es únicamente a quién queremos dejar nuestros bienes, sino qué situación queremos dejar a quienes queremos. Un patrimonio puede ser una herencia; evitar que ese patrimonio se convierta en años de trámites, gastos y conflictos familiares también lo es.