Afortunadamente, el cine nacional ha demostrado que tiene la calidad y las ideas necesarias para sobresalir a nivel mundial con producciones bien hechas y con muchísimo que contar, y ejemplos de este año sobran, donde cintas como Huesera, El Norte Sobre el Vacío, No Voy a Pedirle a Nadie que me Crea o Señora Influencer han demostrado que hay cineastas mexicanos que marcan la pauta y muy seguramente llegarán muy lejos con sus producciones próximamente. 

Hoy hablamos de Tótem, segundo largometraje de Lilia Avilés, quien es la única directora que ha recibido el premio a mejor película en dos ocasiones en el Festival de Cine de Morelia, además de ser considerada por segunda ocasión para representar a México en los premios de la Academia, que, aunque con La Camarista no logró llegar al certamen, la cinta se colocó en el lugar 39 de las mejores producciones nacionales. En Tótem nos presenta la historia de Sol, una niña de 7 años que visita a su padre enfermo para celebrar su cumpleaños, pero la clásica familia mexicana que vive en casa de sus abuelos no permitirá que esto sea sencillo, sumando arcos dolorosos, preguntas abiertas, espacios lúgubres y momentos entrañables que culminarán en un desgarrador desenlace. 

El guion sabe perfectamente como entrelazar la idiosincrasia y costumbres mexicanas con un acontecer cotidiano en el que parece que no está sucediendo mucho, pero que en realidad cuenta con un trasfondo sumamente doloroso y profundo, donde los espacios abiertos, los cuartos, y los diálogos nos dan las pistas exactas para que, con tan poco contexto, conectemos de manera casi inmediata con los problemas que una familia mexicana sufre al tener una persona enferma dentro del círculo, a la par de colorar todo con situaciones reconocibles y tradicionales, desde la tía alcohólica, pasando por el abuelo malhumorado y llegando a la base familiar donde casi no hay personajes masculinos afectivamente presentes. 

Aunque algunas veces hemos señalado que el cine nacional se centra en pequeñas anécdotas para estirar tramas por más de una hora, en Tótem la directora y escritora de la cinta sabe colocar esas pequeñas historias en una misma para concretar más de 90 minutos de metraje que, si logras conectar con lo que te están contando, se sienten un poco más largos, sobre todo si tomamos en cuenta que hay grandes escenas descriptivas y contemplativas que en realidad aportan a la trama. 

Lejos de tratar de aleccionar o de ir por el camino obvio, las descripciones en papel se demuestran traducidas en sutilezas que para públicos de otras latitudes pueden ser pasadas por alto de forma prácticamente inmediatas, mientras que para nosotros sean reconocibles casi como un acuerdo implícito, por lo que se agradece que no se utilicen los elementos comunes y llenos de clichés como una bandera, un sombrero, o alguna música típica mexicana para hacernos sentir inmersos en tierras aztecas. 

La producción mantiene niveles de calidad que sirven como soporte para una historia que parece ligera, pero no lo es, ya que los espacios y los movimientos cotidianos nos demuestran que no hacen falta grandes planos secuenciales, enormes movimientos de grúas o escenas llenas de CGI para completar un cuadro único y fuerte, donde cada toma, aunque no lo parezca, sume milimétricamente valor descriptivo a la trama. 

Si a lo anterior le sumamos que la fotografía se sabe consiente de su lugar y se propone a llegar a rincones donde pareciera que no hay mucho que decir, nos situamos frente a escenarios ricos de color y textura que saben pasear entre la esperanza y la desolación de forma correcta, empatándose con los personajes que se sitúan para explotar aún más el sentimiento de pérdida o la luz de que tal vez no todo está tan mal, aunque sabemos que la realidad es completamente otra y no podremos evitar la tragedia de la enfermedad. 

Las actuaciones mantienen una forma ecuánime en las que desenvuelven arquetipos que podemos decir que hemos visto o convivido con ellos en algún momento de nuestras vidas, mismos que tampoco se sienten sobreactuados o impuestos como una excusa dentro de la cinta y en realidad construyen y dimensionan pequeños granos de arena que edifican personajes sólidos. 

Puntos extra para las actrices infantes y para Mateo García, nieto del escritor de Gabriel García Márquez, quien, a pesar de no ser actor y dedicarse también a la literatura, termina por darle voz de manera idónea a un hombre desahuciado, que, si bien su tiempo en pantalla no es mucho, es el suficiente para demostrarnos que tiene futuro más allá de las letras, donde tampoco lo hace mal, como lo demostró en el guion de Desierto. 

La ausencia de sonidos incidentales y el respeto al audio ponen la cereza en el pastel de Tótem, que cierra la historia con un choque casi frontal al espectador al generar un círculo con la primera escena de la cinta y su conexión directa con la última, desgarrando al espectador de forma delicada y profunda que probablemente deje pensando a la audiencia tras ver la cinta.

 Si a lo anterior le sumamos que, de forma sutil, pero directa, la trama critica fuertemente a una sociedad patriarcal y coloca a las mujeres mexicanas a cuadro, podemos ver que tanto el texto como la imagen también tenían esa necesidad de explotar un justo reclamo, que no es posible ponerle algún mote ideológico, pero sí refleja una realidad en la que las mexicanas terminan sosteniendo en gran medida a las familias y a la sociedad en general, en un país arraigado en el machismo. 

A pesar de todo lo dicho, lo más seguro es que la trama inicial de Tótem conecte con una gran parte del público, mientras que para los espectadores lejos de México quizás pasen de noche los detalles más sutiles e importantes, pero no por eso la cinta pierde su valor, aunque no conecte de la mejor manera. Si la pregunta fuera ¿Es la digna representante de México para los Oscar de 2023? La respuesta fácil sería un rotundo sí, aunque Huesera o El Norte Sobre el Vacío también podrían llevar el estandarte, solo que el tema medular de la familia y las raíces terminan por encantar un poco más a los festivales, pero si recordamos que los premios de la Academia terminan por ser un mero concurso de popularidad, pues tal vez el sueño quede un poco lejos, sobre todo porque Tótem tuvo un limitado estreno y no llegó a muchas salas de cine, aunque sí mantuvo un buen recorrido por distintos festivales. 

El cine mexicano sigue demostrando su calidad en todo el mundo y Tótem es ejemplo de ello, solo debes pasar algunos minutos un tanto contemplativos para encontrar una cazuela de oro al final del túnel, lo que hace que valga la pena y que el dolor que probablemente sientas al salir de la sala se convierta en gasolina para crear, reflexionar o, por lo menos, recomendar la cinta. 

Calificación: 8.8