Inglaterra.- Virginia McCullough, una mujer originaria de Inglaterra, ha sido condenada a 36 años de prisión tras confesar el brutal asesinato de sus padres en 2019. El caso ha cobrado notoriedad recientemente tras la divulgación de detalles escalofriantes sobre el crimen y la peculiar conducta de la acusada.

Los hechos se remontan a hace cinco años, cuando Virginia tomó la trágica decisión de acabar con la vida de sus progenitores, John y Lois, de 70 y 71 años respectivamente. Inicialmente, Virginia envenenó a su padre añadiendo medicamentos triturados a su comida. Sin embargo, temiendo la reacción de su madre si descubría el crimen, decidió llevar a cabo un segundo asesinato. Utilizando un martillo, atacó a su madre por la espalda y la apuñaló hasta matarla. Durante una declaración posterior a la policía, Virginia describió fríamente el ataque, comparándolo con «el sonido de alguien tocando mal un xilófono desentonado».

Para ocultar sus crímenes, Virginia conservó los cadáveres de sus padres en la casa familiar, utilizando la tarjeta de crédito de su padre para comprar bolsas y guantes que le permitieran deshacerse de los cuerpos. Durante un tiempo, incluso llegó a suplantar las voces de sus padres para aparentar que todo estaba en orden en el hogar. Sin embargo, la carga emocional y la culpa se volvieron insoportables, lo que la llevó a confesar sus crímenes a las autoridades.

En un giro impactante de los acontecimientos, Virginia llevó a los agentes al piso superior de la casa, donde reveló que el cuerpo de su padre se encontraba escondido entre una serie de armarios. Cuando los agentes insistieron en saber la ubicación de su madre, Virginia se mostró evasiva, indicando que eso sería «más complicado de explicar».

La detención de Virginia tuvo lugar en 2023, y su condena se pronunció este año. Durante su juicio, mostró poco remordimiento, afirmando: “Siempre supe que esto llegaría, eventualmente”.

Este escalofriante caso de parricidio ha suscitado una amplia cobertura mediática, dejando a la comunidad en estado de shock ante la brutalidad de los actos de Virginia McCullough y la fría indiferencia con la que abordó sus crímenes.