Todos, y podría decir que todo el tiempo, tenemos crisis de fe. En una de las tantas que he tenido, recurrí a un sacerdote para que me dijera por qué tendría que seguir en la religión católica y no en alguna otra. Esperaba que me dijera que ellos tenían acceso directo a la escalera celestial, me sorprendió que respondiera que podía seguir cualquier religión porque en realidad todas tenían como principio: el amor. Esa información no le llegó al sacerdote que llamó al feminicidio.
Hablando sobre la despenalización del aborto en el estado, Lázaro, un sacerdote católico de Monclova, declaró: “No apoyen a las jóvenes matando a sus hijos para que dejen de estorbar y se diviertan, mejor maten a sus hijas para que ellas no estorben”.
“Vamos a matar a todos los niños porque nos estorban, el niño no se puede defender. ¿Por qué no matamos a la mamá que tampoco va servir para nada, una mujer que aborta ya no sirve para nada, está hueca, moral, física y psicológicamente?”, siguió.
Las declaraciones fueron tomadas por colectivos feministas y ya le dieron vuelta al mundo. Se entiende que una religión basada en una concepción milagrosa no pueda aprobar la interrupción al embarazo, pero si son ellos los encargados de hacer cumplir las reglas de la moral ¿no deberían evitar sugerir un asesinato?
Que exista la necesidad de un aborto ¿no quiere decir que no están haciendo bien su trabajo? Otra pregunta: si para la Iglesia el papel de la mujer únicamente es reproductivo y se sienten con derecho de pedir su muerte si no lo cumple ¿qué la hace diferente del talibán?
El párroco ofreció una disculpa que solo confirmó su apología del feminicidio: “si yo ofendí a alguna persona por el comentario que hice, pido una disculpa, no era mi intención, el ejemplo era ¿por qué matar a un niño que no se defiende y dejar viva a la mamá que se defiende?”.
La misma postura, pero con palabras más mesuradas, fue compartida por el obispo de Saltillo, Hilario González, lo que confirma que las declaraciones de Lázaro no son personales, o un arrebato, es un discurso que la Iglesia está decidida a mantener en agenda.
¿Tendrán miedo de que se vacíen (más) sus templos?, pero ¿quién quiere ir a un lugar donde lo único que va a recibir son regaños y un sentimiento de inferioridad ante parámetros tan dispares como inalcanzables?
Si no es por eso ¿por qué lo hacen? La Iglesia no puede cambiar las leyes y menos pasar por encima de los derechos humanos, ¿qué sí puede hacer? predicar amor y respeto para que nadie se sienta superior a nadie, pero al hacerlo perderían su estatus “divino” al tener que aceptar que tampoco son superiores.
¿Cuánto falta para que un sacerdote secuestre un avión?
Quedará para la historia la incongruencia de abogar por la “vida” de un cigoto y desdeñar la vida de una mujer.






