México.- El maltrato animal persiste de manera frecuente en la sociedad contemporánea, un fenómeno que se evidencia diariamente a través de las redes sociales, donde se documenta a individuos que lastiman, torturan e infunden dolor a seres indefensos. A pesar de la profunda indignación que generan estas conductas, la crueldad hacia los animales no siempre recibe la condena unánime de la población, en gran medida por la pasión y arraigo que despiertan espectáculos tradicionales y fenómenos culturales como las corridas de toros o el “toro embolado”, escenarios donde la influencia grupal resulta determinante.
Sin embargo, cuando las agresiones son ejecutadas por individuos que actúan en solitario, la ciencia psicológica identifica una serie de rasgos predominantes en la estructura psíquica del agresor. Diversas investigaciones clínico-psiquiátricas permiten profundizar en las características individuales y en los factores que configuran el perfil del maltratador de animales.
Motivaciones detrás de la conducta violenta
El psiquiatra Alan Felthous lideró una investigación científica con el objetivo de determinar cuáles son los motivos específicos que impulsan a un sujeto a cometer actos de crueldad contra perros, gatos u otras especies. De acuerdo con las conclusiones de dicho estudio, las principales motivaciones detectadas son:
Proyectar la frustración acumulada en los animales, utilizándolos de manera deliberada como un chivo expiatorio.
Demostrar poder, autoridad y enseñar sumisión forzada ante la víctima.
Infundir temor en el entorno y hacer daño al animal como una vía de diversión o entretenimiento.
Experimentar placer directo al presenciar el sufrimiento ajeno.
Participar en actividades donde el maltrato forma parte del espectáculo o de un beneficio económico, tales como las peleas de perros, las apuestas y ciertas fiestas tradicionales.
Tipos y clasificación del maltrato
Los registros estadísticos revelan que en el 30% de los casos el maltrato animal es perpetrado por personas jóvenes. Asimismo, se ha demostrado una correlación directa con la violencia doméstica: los maltratadores de animales presentan hasta 5 veces más probabilidades de convertirse en maltratadores familiares en el futuro.
La literatura científica clasifica esta violencia en dos vertientes principales. La primera es el maltrato directo o activo, que se manifiesta mediante conductas intencionadas destinadas a causar daño físico inmediato, tales como golpes, asfixia, patadas o torturas directas. La segunda vertiente es el maltrato indirecto o pasivo, el cual ocurre por omisión, negligencia o cuando el sujeto priva al animal de los cuidados necesarios para su bienestar básico, manifestándose en el abandono, la falta de alimentación, el descuido de la higiene o la explotación comercial.
Rasgos del perfil psicológico del agresor
Los especialistas han sistematizado los rasgos de personalidad más comunes que comparten los individuos que incurren en estas prácticas destructivas:
- Falta de empatía y remordimientos: Estos individuos muestran una total insensibilidad ante el dolor y el sufrimiento de la víctima, siendo incapaces de conectar con el padecimiento ajeno. Adicionalmente, carecen de autocrítica y no experimentan arrepentimiento tras sus actos, una característica que suelen hacer extensiva hacia las personas de su propio entorno, como sus hijos.
- Personalidad antisocial: Existe una marcada tendencia a ignorar las normas sociales, las leyes y los derechos de los demás en beneficio propio. Un estudio publicado en 2002 por la revista Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law halló que los maltratadores adultos presentan frecuentemente un trastorno de personalidad antisocial, rasgos antisociales y abuso de sustancias. La investigación advierte que la mitad de las personas con esta personalidad desarrollan conductas sádicas; si dichos actos inician antes de los 10 años de edad, el pronóstico empeora drásticamente, elevando el riesgo de cometer crímenes futuros.
- Deficiencias en el entorno educativo: Gran parte de estos sujetos se criaron en familias o entornos donde la violencia hacia los más débiles —como ancianos, mujeres, niños o mascotas— era habitual. Al estar expuestos a estos patrones desde la infancia, los efectos negativos de la agresión terminan siendo percibidos como conductas normales.
- Estimulación por la violencia: Los maltratadores, especialmente los más jóvenes, suelen verse estimulados por los actos violentos y tienden a percibir el daño animal como una acción poco punible. Se caracterizan también por poseer una baja tolerancia a la frustración y un temperamento marcadamente explosivo.
- Personalidad autocrática e intolerancia: En línea con las investigaciones de Felthous, son personas autoritarias, frías, calculadoras y con creencias antidemocráticas que buscan dirigir su violencia hacia víctimas vulnerables para aparentar fortaleza y ser temidos. Además de quebrantar las normas, demuestran intolerancia ante las opiniones o actitudes de terceros y son propensos a manifestar prejuicios arraigados como el sexismo y el racismo.
- Egoísmo acentuado: Son individuos que se enfocan de manera exclusiva en sus propios intereses. Este rasgo se observa claramente cuando el maltrato persigue fines de lucro —como ocurre con la caza furtiva de rinocerontes— o cuando un dueño decide abandonar a su suerte a una mascota en la carretera sin ningún remordimiento, tras haberse cansado del animal que adquirió inicialmente por mero capricho.






