Hace 13 años, el director canadiense James Cameron sorprendió (creo) al mundo del cine con una cinta que agregaba nuevas técnicas de CGI, una distinta forma de consumir las producciones y un acercamiento a la tercera dimensión con Avatar. La cinta fue un éxito en taquilla, y más le valía, ya que también se convirtió en la película más cara hasta el 2009, pero también fue elogiada por sus adelantos técnicos en cuanto a fotografía, arte y diseño de producción, lo que la llevó a vanagloriarse y venderse como tal para tratar de crear una franquicia.
Casi una década más tarde, el cineasta decidió volver al mundo que nos presentó con una secuela y la promesa de al menos tres partes más, cada vez más largas y cada vez más caras. Y seamos honestos, Cameron es una máquina de hacer billetes con casi todos los blockbusters que presenta, para muestra tenemos Terminator 2, Alien 2, Pirañas 2 y hasta Titanic, pero que generen millones no quiere decir que sean cintas destacables; vamos, Coca Cola genera grandes cantidades de dinero y venden agua carbonatada con azúcar.
Así llegamos a Avatar: El Camino del Agua, donde nos encontramos de nueva cuenta con viejos conocidos y nos presentan una historia nueva (o no tan nueva) que no deja completamente claro si hay un mundo de gente esperándola ahí afuera, pero vamos por partes.
El guion nos centra de nuevo en Pandora, donde Jake y Neytiri han conformado una familia y mantienen la paz con la aldea Na´vi, hasta que la llegada de los hombres del cielo (o militares, pues, nomás que hay que sentirse en tribu) irrumpen en la aldea y nuestros protagonistas deben huir a mares lejanos para tratar de adaptarse a otra comunidad, entender el valor de la familia y defender a la naturaleza que los rodea.
Los problemas de la cinta comienzan desde el primer acto, donde los elementos dados nos presentan un mundo que ya conocemos, lo cual es entendible, pero lo tratan de expandir sin mucha imaginación con argumentos que ya conocemos, agregando conceptos ya explotados en la primera parte y colocando más de siete tramas que solo logran que la cinta se extienda innecesariamente por casi tres horas.
El argumento no decide tampoco durante el segundo acto cuál de las distintas ramas va a agarrar para delimitar una problemática, además de, literalmente calcar situaciones poco originales que nos hacen pensar que tal vez James Cameron es mucho mejor innovando que dirigiendo o escribiendo, lo cual está bien, pero para ser un guion que tardó trece años en estar en pantalla, no encontramos un gancho lo suficientemente sólido para que nos termine de interesar lo que sucede.
Las actuaciones de Sam Wothington, Zoe Saldaña, Kate Winslet y Stephen Lang terminan siendo disparadas por el tono que no se concreta hasta el tercer acto, además de que las reglas que plantea la misma cinta no siempre muestran una lógica que nos deje conectar con ellos, acudiendo a lugares un tanto comunes como el rechazo y la sed de aceptación y jugando en la línea del sentimiento plano y fácil para que nos interesemos.
Eso sí, la naturaleza que nos muestran replicada con CGI deslumbra en todo momento, dotando de personalidad a las especies marinas y a los espacios acuáticos para dejarnos deslumbrados de nueva cuenta con los logros técnicos con la fotografía; la cual no cabe ninguna duda de que se disfruta mucho más en 3D y logra el objetivo de hacernos creer que son escenarios que en verdad podrían existir.
La musicalización trata de aportar tensión a la trama, pero con tantas cosas pasando visualmente y con tantas tramas que no terminan por amarrarse, los sonidos quedan en un segundo plano y se desdibujan lentamente como casi todo lo demás en la película, que tampoco me malentiendan, no estamos hablando de una cinta sumamente mala, solo que en el guion no parece algo por lo que debimos haber esperado tanto tiempo.
Los logros técnicos serán, de nueva cuenta, puestos como un parteaguas de la cinta, pero ¿Teniendo ese nivel de tecnología no había manera de ofrecer una historia que también sorprendiera? ¿Era necesario agregar elementos tan vistos en otras cintas? ¿Valen la pena las tres horas de cinta? Las respuestas dependen del ojo con el que se mire, pero como pieza de cine por sí sola definitivamente no termina de sostenerse. Aunque bueno, James Cameron de seguro volverá a bañarse con millones de dólares en taquilla, pero repito, eso no significa que estemos frente a una cinta sumamente destacable.
Al final Avatar: El Camino del Agua es como un regalo de Navidad en una caja enorme, con una envoltura brillosa y llamativa y un moño despampanante que tardarás horas en quitar, pero al abrir el presente te encuentras con los mismos calcetines que te dieron cuando tenías 15 años, pero esta vez son más caros y en lugar de ser azules ahora son verdes ¿Sopresa?
Si te gustó la primera parte y eres seguidor del trabajo del director, sin duda la vas a amar, pero si no te interesa mucho el mundo de Avatar o ni siquiera la recuerdas, tampoco pasa nada si esperas a verla cuando llegue a streaming, aunque sin verla en tercera dimensión quizás termine siendo un poco más pesada de lo que ya es.
Sin duda la veremos ganar premios dentro de los Oscar, por lo menos en todo lo que son efectos especiales y producción, igual que la uno, pero ojo, de los Globos de Oro, de los premios de la Academia y del BAFTA no pasa, se los firmo.
Calificación 7.0







