Con Monterrey como una de las sedes, la fiebre mundialista se vivirá a flor de piel en el sureste de Coahuila. La buena noticia para las empresas de la región es que sí pueden dejar ver el partido… si lo hacen bien.
Falta poco para que ruede el balón y, con el Mundial disputándose en nuestro país —y con Monterrey como una de las sedes, a un paso de Saltillo—, la pasión por el futbol se vivirá con especial intensidad en el sureste de Coahuila. En una región como la nuestra, donde conviven oficinas y comercios con un fuerte corazón industrial de plantas armadoras, proveedoras y maquiladoras, la pregunta que me han planteado una y otra vez en las últimas semanas es siempre la misma: ¿puede una empresa dejar que su personal vea el partido en horario de trabajo sin que eso se convierta en un dolor de cabeza —y en un gasto— por concepto de horas extra?
La respuesta corta es sí. La respuesta útil, la que de verdad le sirve a un empleador de la región, exige un poco más de detalle.
Comencemos por lo esencial. En nuestra legislación, el tiempo extraordinario no nace porque el reloj marque cierta hora, sino porque el trabajador labora por encima de su jornada. Esa distinción lo es todo. Si la empresa detiene actividades dos horas para ver un partido y después pide al personal quedarse dos horas más para “reponer” ese tiempo, esas horas adicionales son, legalmente, tiempo extra: se pagan al doble y, si exceden de nueve a la semana.
Y conviene recordar algo que muchos pasan por alto: los derechos laborales son irrenunciables. De nada sirve que el trabajador firme que “repone sin cobrar”, porque ese pacto carece de validez.
El secreto no está en sumar horas a la jornada, sino en reacomodar la que ya existe.
Cuatro caminos, todos legales
El secreto, entonces, no está en sumar horas, sino en reacomodar la jornada que ya existe. A partir de ahí, las alternativas son varias:
1. Recorrer el horario ese día. Si la jornada va de 9:00 a 18:00 horas y el partido es de 11:00 a 13:00, se trabaja de 9 a 11, se disfruta el partido como un descanso y se reanuda de 13 a 20 horas. El trabajador cumple sus ocho horas completas; el tiempo no se pierde, simplemente se desplaza, y la salida se recorre un poco. Al no laborar de más, no se genera un solo peso de tiempo extra.
2. Repartir las horas a lo largo de la semana, siempre que no se rebasen los topes diario y semanal de la jornada.
3. Permiso a solicitud del propio trabajador. Es, en mi experiencia, la fórmula más sana: el empleado solicita por escrito el permiso para ver el partido y se compromete a recuperar ese tiempo durante la misma semana. Al nacer de la petición del trabajador y quedar documentada, el acuerdo es sólido y la empresa queda protegida.
4. Permiso con goce de sueldo. La opción más generosa: la empresa absorbe el tiempo como una prestación, sin pedir nada a cambio.
El reto particular de la industria
En el corredor industrial que va de Saltillo a Ramos Arizpe, donde abundan las jornadas por turnos y las líneas de producción que no pueden simplemente detenerse, el tema merece una mirada adicional. Aquí no siempre es viable “parar la planta” a media línea; pero sí lo es escalonar los descansos, ajustar el horario de comida para hacerlo coincidir con el partido u organizar áreas comunes donde el personal pueda seguir el encuentro por relevos. La clave vuelve a ser la misma: planear con anticipación y no improvisar el día del juego.
Y donde existe sindicato y contrato colectivo, lo correcto es acordar estos esquemas con la representación de los trabajadores. Lejos de ser un obstáculo, suele ser la vía más limpia: un acuerdo a través de la comisión mixta o de la dirigencia sindical le da certeza a todos y blinda a la empresa frente a cualquier reclamo posterior.
¿Y si alguien no quiere participar?
Es una duda legítima, y la respuesta es sencilla: el esquema debe ser voluntario. Quien prefiera cumplir su horario habitual tiene todo el derecho de hacerlo, sin represalia ni descuento alguno. Por eso insisto en que la fórmula más sana es la del permiso solicitado por el propio trabajador: nace de su voluntad, queda por escrito y no deja espacio a malentendidos.
Sea cual sea el camino elegido, tres recomendaciones resultan indispensables. Primera: documentar el acuerdo, aunque sea mediante un sencillo aviso de horario especial para los días de partido. Segunda: que la participación sea voluntaria, idealmente a petición del propio trabajador. Y tercera: entender que un detalle así no es un gasto, sino una inversión en el clima laboral; en una región donde retener al personal es un reto constante, un equipo que se siente tomado en cuenta responde con creces y se queda.
No quiero dejar pasar un punto de fondo. Con la reforma que reduce de manera gradual la jornada semanal en el país, la organización del tiempo de trabajo dejará de ser un asunto menor para convertirse en una verdadera ventaja competitiva. Las empresas de Coahuila que desde ahora aprendan a planear, escalonar y documentar sus jornadas —empezando por algo tan cotidiano como un partido de futbol— llegarán mucho mejor preparadas a los ajustes que vienen en los próximos años.
Porque, al final, el mensaje es simple: el Mundial puede vivirse dentro de la empresa sin pleitos, sin demandas y sin sobresaltos. Solo hace falta organizarse a tiempo y, ante la duda, acercarse con un especialista antes y no después. Más vale un buen acuerdo hoy que un conflicto laboral mañana. Que lo disfruten… y que gane el mejor.
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