¿Quién les autorizó a los dirigentes del Magisterio firmar la carta en apoyo a los libros de texto?
¿No les da vergüenza pisotear a maestras y a maestros responsables de la educación?
¿Con quién quieren quedar bien con su decisión autoritaria y entreguista?
Esas y otras preguntas deben responder Isela Luévano Muñoz, Arturo Luévano y Everardo Padrón, dizque dirigentes de las secciones 38, 35 y 5, respectivamente.
Se nota que los tres ven a sus representantes como carne de cañón y solo les interesa quedar bien con su líder, Alfonso Cepeda Salas, y a este con el presidente López Obrador.
Se nota que no les importa que las y los maestros reciban de último momento libros con graves errores de contenido y con tendencias políticas por encima del conocimiento.
Se ve que son agachones, porque nunca fueron para organizar asambleas informativas o de análisis sobre los contenidos de esos libros que rechaza la Unión Nacional de Padres de Familia, las iglesias, los pedagogos y especialistas de la Real Escuela Mexicana.
Los que en verdad quieren una educación inicial apegada a nuestra historia, nuestros valores y, sobre todo, a los retos de una pandemia de covid que retrasó por dos años el proceso enseñanza-aprendizaje. Por los que rechazan ideologías de Venezuela o Cuba, impuestas en un país que no es comunista, como el nuestro.
Pero la línea es la línea y Alfonso Cepeda -enriquecido por el hospital que tiene en Saltillo donde ya se volvió millonario a costa de la quiebra de las clínicas del Magisterio- la bajó para congraciarse con AMLO.
Hoy las y los maestros de las secciones 38, 35 y 5 entregaron a sus agremiados, como siempre, y, sin importar el verdadero sentimiento de abandono que sienten al estar frente a sus grupos de estudiantes, nuestras hijas e hijos, también hoy son vistos como objetivos políticos por la llamada cuarta transformación.






