Sin duda, los partidos políticos perdedores necesitan renovarse o volverán a morir.
Vamos al caso de Morena. Urgente que se reestructure para que tenga la forma y la unidad que nunca logró y por la cual el gobernador electo, Manolo Jiménez, les sacó una diferencia de casi 500 mil votos.
Las quejas de irregularidades en el proceso electoral son oficiosas ante tan abrumadora diferencia, e incongruentes porque el mero día de la elección su candidato, Armando Guadiana, aceptó la derrota.
El Partido del Trabajo no existe. Los 173 mil votos se los dio Ricardo Mejía después de dividir a los morenistas. Aún así, el antes inexistente partido satélite tiene siete meses para estructurarse.
El PAN bajó hasta la cuarta posición, después de ser la segunda por décadas. Vive su peor crisis de credibilidad y ganó posiciones gracias al arrastre de Manolo Jiménez.
Urge que se reorganice con la salida de su dirigente actual Elisa Maldonado, la peor en resultados en la historia política panista.
La UDC de Lenin Pérez, aunque mantuvo el registro al obtener el 3.4 por ciento de los votos, perdió con el PRI, no con el PAN, la diputación local del primer distrito. La advertencia de que si no cambia y se moderniza, perderá su bastión, la alcaldía de Acuña.
Movimiento Ciudadano y el Verde requieren cambiar de dirigentes, con línea y trabajo de sus dirigentes nacionales, para que dejen de estar en manos de dos jóvenes oportunistas, Alfonso Danao y Cuco Sandoval, respectivamente. Tan, tan.







