Coahuila no es Nuevo León. Allá gobierna un payaso que llegó sin propuestas, promovido por los impulsos y la mediatez de las redes sociales, y ahí están las consecuencias.
Nuevo León tiene la dinámica propia de sus actividades económicas, pero ahora vive el segundo peor sexenio de su historia y seguiditos; primero el Bronco y ahora el “junior” Samuel.
Allá se dejaron seducir por los impulsos del internet; hicieron a un lado el análisis serio de sus candidatos y hoy los gobierna un joven que se conquista asimismo con mensajes mediáticos y políticas públicas de ocurrencia.
Hoy, el Tecnológico de Monterrey será sede de un debate más, organizado por el sector privado.
Ya vimos el de Torreón, con moderadores protagónicos y tres candidatos a gobernador que le apostaron al pleito y se olvidaron de propuestas serias.
El resultado: Manolo Jiménez se mantiene arriba con una marcada diferencia -hasta de doce puntos- frente a Guadiana, Mejía y Lenin.
El circo que montaron no movió la percepción de los electores sobre cada uno de ellos.
La constante: sí, el circo atrae y genera polémica, pero nadie arriesga su voto y prefiere la seriedad de las propuestas por encima de las poses.
Y es que están en juego la seguridad, los empleos, la educación, el apoyo a las mujeres, a los jóvenes y a la salud, entre otras prioridades.
Por eso Manolo Jiménez ganó ese debate ante los electores reflexivos.
Coahuila no es Nuevo León y aquí privilegia el trabajo serio, la planeación, la experiencia en el servicio público y, sobre todo, los resultados, antes que las estrategias poco serias de insultos y de descalificaciones solo para llamar la atención.






