Estuvieron con el presidente López Obrador los integrantes de la comitiva de alto nivel de los Estados Unidos que envió el mandatario Joe Biden. Dos temas se trataron: la migración y la seguridad.

Muy mal parado quedó nuestro Gobierno, luego de que el problema migratorio y la inseguridad los ha rebasado.

Si bien Estados Unidos podría determinar el cierre total de la frontera, aún estableció el diálogo y los acuerdos para evitar el daño a nuestra economía, derivado de la dependencia casi total que tenemos frente al país más poderoso del mundo.

La comitiva de alto nivel estadounidense fue clara al señalar que el factor de la corrupción sigue generando que la migración desde el sur y la inseguridad hayan rebasado a nuestro Gobierno.

Y las pruebas son contundentes, con la llegada de miles de migrantes en la frontera de Piedras Negras con Eagle Pass.

Al mismo tiempo, la creciente inseguridad también tiene relación directa con la migración, al usar a esos miles de seres humanos para actos de venta y traslado de drogas.

Sí, los migrantes son seres humanos y no es prudente criminalizarlos, pero se necesita fijar políticas humanitarias que inicien con combatir el factor corrupción en nuestra frontera sur.

Miles de haitianos, venezolanos, salvadoreños, guatemaltecos y próximamente argentinos quieren cruzar a Estados Unidos para mejorar su calidad de vida.

Sin embargo, en esa ambición legítima, nuestro Gobierno federal ha sido incapaz de fijar políticas públicas de control y anticorrupción, por eso es que ya se salió de control y tiende a generar un serio distanciamiento con los Estados Unidos, sobre todo con el Gobierno de Texas, que ya adelantó lo que pudiera ser permanente, como el cierre a la frontera y a la actividad ferroviaria.