La permanencia de Elisa Maldonado refleja el deseo del panismo de seguir en alianza con Coahuila.
Desde ahora, los panistas convergen en la ruta del desarrollo social y el fortalecimiento económico, con seguridad, que hace la diferencia de Coahuila con el resto de los estados.
Sobre todo de las entidades gobernadas por Morena, donde los ciudadanos viven con miedo, producto de la inseguridad y las pocas oportunidades de desarrollo personal y colectivo.
Y lo peor, bajo la realidad de que sus autoridades no muestran el mínimo deseo y menos voluntad por brindarles seguridad y estabilidad económica.
De ahí que es evidente que la política de los abrazos y no balazos, sostenida por Morena, es el fiel reflejo de su fracaso y de su protección a los delincuentes.
Los panistas de Coahuila lo saben y, bajo la permanencia de Elisa Maldonado, muestran, desde ahora, su deseo de seguir apoyando las políticas públicas del Gobierno estatal.
Además, aprendieron que les es muy difícil transitar con buenos augurios sin la alianza política con el PRI.
Para muestra basta un botón. La última elección de presidentes municipales, en la que solos perdieron alcaldías importantes hoy en manos del PRI, como Monclova.
En aquel tiempo, el entonces dirigente nacional, Marko Cortés, la jugó en contra de los panistas de Coahuila.
Hoy, parece que los panistas están en pleno proceso de reordenamiento.
Veremos si son capaces de consolidarlo, ante un camino de resurgimiento que debe venir del trabajo político territorial y del surgimiento de nuevas generaciones, desafío que no les será fácil.






