A Rubén Rocha le congelaron las cuentas y dos de sus secuaces fueron capturados, uno en Arizona y el otro en Europa.

Las fichas comienzan a caer como efecto dominó, mientras la imagen de Morena cae a pedazos por la corrupción y la impunidad de sus gobiernos en los estados.

El gobernador de Sinaloa con licencia es apenas el inicio de la persecución contra los narcopolíticos que denunció Estados Unidos.

Fuentes allegadas al propio Gobierno federal aseguran que junto a Rocha viene otro pez gordo.

Su nombre: Adán Augusto López, senador morenista acusado de nexos con el cártel de “La Barredora” y con los inculpados por el huachicol fiscal.

Y todavía faltan Américo Villarreal y las y los gobernadores de Veracruz, Baja California, Michoacán, Tabasco, entre otros

Sin embargo, lo peor es que cada uno de ellos apunta a Andrés Manuel López Obrador.

Rocha y todas y todos, caídos en desgracia, aportarán las pruebas necesarias para que se cumpla la acusación estadounidense de que Andrés Manuel fue como presidente y es ahora protector del narcotráfico y en especial del cartel de Sinaloa.

Ni los programas sociales podrán atemperar el ventarrón contra Morena, que tendrá efectos en la elección de diputados locales del próximo 7 de junio y la del 27 con la renovación de 17 gubernaturas, la renovación de la Cámara de Diputados y de alcaldías en todo el país.

La racha de escándalos no se detiene y la marca Morena tampoco detiene su caída, ya espectacular.