Se cumplen diez meses de la violencia en Sinaloa, con por lo menos mil 570 personas muertas y mil desaparecidos, y el dinosaurio morenista Rubén Rocha sigue ahí.
Y sigue gobernando porque ahí lo tiene el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
A pesar de las pruebas de que Rocha está ligado al narcotráfico, su influencia política lo mantiene, pese al repudio de los ciudadanos, lastimados por un Gobierno corrupto.
Según los empresarios, tardarán hasta diez años en recuperarse del golpe a la economía propiciado por la inseguridad.
El problema es que su estado está ahogado de corrupción e impunidad ligado al narcotráfico.
¿Cómo es posible que un gobernador siga en el cargo pese a sus relaciones con “El Chapo” Guzmán y “El Mayo” Zambada?
Sí es posible y ahí están las pruebas. Una entidad donde pesa más la delincuencia que el estado de derecho.
Igual que Tamaulipas, Guerrero, Michoacán, Zacatecas, Tabasco, Chiapas, entre otros, gobernados por morenistas.
Los mismos que obedecen a Andrés Manuel López Obrador y que también están relacionados con el huachicol en sus distintas modalidades.
Sinaloa y sus ciudadanos secuestrados por un gobernante morenista corrupto: Rubén Rocha.







