El crecimiento de la ciudad es innegable: de a poco la mancha urbana avanza hacia los laterales devorando cerros, montes y planicies que anteriormente eran ocupadas por los animales y las plantas endémicas de la región; la industria también crece a un ritmo acelerado con las inversiones que las diferentes administraciones han estado gestionando desde hace años, que dan trabajo a cientos de personas y que, como una de sus consecuencias, ha logrado que la población aumente aceleradamente en un promedio de 20 mil habitantes por año según reportó la página saltillo.gob.mx en 2019. 

Saltillo se encuentra desde hace años en una constante lucha por evolucionar o estancarse y para lograr lo primero se ha valido de la construcción de puentes vehiculares que mejoren el flujo del tráfico, la modernización de espacios públicos, alumbrado de calidad, espacios recreativos para la práctica del deporte y hasta de la venta y demolición de edificios históricos que le daban identidad a la ciudad (te seguimos extrañando, Cine Palacio).

Sin embargo, una de las principales problemáticas de la ciudad y en la que menos progreso hemos visto es en el tema del transporte público. 

 

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Actualmente en Saltillo pagamos $13 pesos como tarifa general si el pago se realiza en efectivo (caso de prácticamente el 90% de los usuarios que no son estudiantes). La tarifa es una de las más altas en la República Mexicana solo debajo de estados como Baja California y  Tijuana (donde para 2019 los precios estaban en $15.50 y hasta en $17.50 respectivamente según reportó El Universal) y en Monterrey (donde se espera que la tarifa máxima alcance para este octubre los 19.50)

Aun así, el sistema de transporte de la capital coahuilense es por demás deplorable: unidades en pésimas condiciones, con asientos rotos, llenas de grafitis, con problemas mecánicos que logran contaminar más de lo que deberían, unidades que estallan en combustión espontánea, horarios que rayan en la burla y el no dar abasto a la población son solo algunos de los problemas más comunes que enfrentan los saltillenses.

 

¡La inversión al transporte público debe ser una prioridad!

Esta serie de acontecimientos sumada a una sed insaciable de consumismo dan como resultado que la mayoría de nosotros optemos por comprar una unidad particular.

Si bien en principio no tendría nada de malo que tuviéramos la oportunidad de comprar un automóvil propio, esta opción debería ser un lujo y no una necesidad como lo es actualmente.

Un sistema de transporte que es caro, deficiente, incómodo e inseguro únicamente ocasiona que haya más desigualdad entre la población y que las oportunidades de los más pobres se vean limitadas porque ¿cómo podría ser uno eficiente en el trabajo si la diferencia entre llegar a las 9:00 o a las 9:30 las determina tomar el transporte con cinco minutos de diferencia? ¿cómo hacer rendir el dinero si se debe gastar en dos camiones de ida y dos de vuelta diariamente? ¿qué es más importante: comer bien o llegar con comodidad al jale? ¿cómo garantizar la salud durante la pandemia si las unidades se redujeron al 50% pero cada una opera casi al 100% de su capacidad?

El transporte público es clave para garantizar a las personas el acceso a las oportunidades que ofrece la ciudad. La accesibilidad debería ser tan amplia como fuese posible para que el ciudadano pueda llegar a las distancias más largas, pero también a aquellos lugares a los que quiere y necesita llegar, especialmente si estos lugares representan la fuente de ingreso principal del sujeto… especialmente si tomamos en cuenta que las personas más vulnerables se localizan en la periferia de la ciudad.

¡Sale más caro el caldo que las albóndigas!

Un estudio de 2019 titulado “Sistema de transporte urbano en América Latina y El Caribe, lecciones y retos” menciona que una persona será más productiva, eficiente y se sentirá mucho más motivada a buscar un mejor empleo si el dinero y tiempo invertidos en la búsqueda representa una pérdida mínima. Es decir, la persona busca perder lo menos posible y ganar más (y así funciona hasta el mercado ¿no?).

Bajo este contexto las personas más pobres tienen más dificultades para buscar y encontrar un empleo digno porque sus pérdidas (de tiempo y dinero) son mayores que para alguien de clase media que puede viajar en transporte personal, pagar un taxi o hasta cuatro o cinco pasajes diarios tan sólo en la búsqueda de un trabajo.

¿Qué tiene que ver esto con el transporte público? ¡Pues básicamente todo!

Para empezar el salario mínimo ronda los $141 pesos. Gastar $26 pesos diarios (en dos combis) es como gastar casi el 20% de lo que se gana diariamente. Si fuesen $52 (en cuatro combis), el gasto representa poco más del 36%. Esto, claro sin contar los gastos diarios que tendría cada uno de nosotros.

Las personas que viven en la periferia, que por lo general son los que (sobre)viven con menos recursos, tienen como problema que los autobuses suelen estar mal coordinados si es que llegan hasta allá y terminan siendo ellos mismos quienes tienen los tiempos de viaje más largos y quienes tienen que pagar hasta cuatro combis diarias. Todo esto da como resultado que su acceso a mejores empleos y otras oportunidades se vean limitadas (por no decir erradicadas).

En 2018 un estudio realizado en Lima, Perú, indicó que luego de mejorar el transporte público llamado Bus Rapid Transit (BRT o BTR si es en español) se observó que hubo una mejoría muy positiva en cuanto al empleo para personas que vivían en zonas alejadas o abandonadas: tuvieron más empleos formales, tuvieron más horas productivas de trabajo y, lógicamente, un mejor ingreso mensual.

 

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La mujer, el transporte público y cómo mejora su vida.

A finales del siglo XIX la mujer comenzó a utilizar la bicicleta y con este acto, tan cotidiano hoy en día, las féminas tendrían uno de los muchos empoderamientos que enmarcaría la historia.

El mismo estudio de 2019, afirma que las mujeres en América Latina y otras regiones en vías de desarrollo suelen trabajar más cerca del hogar, realizar viajes más cortos y más frecuentes, caminan y usan más seguido el transporte público, viajan más en horas pico y, claro, experimentan más problemas de seguridad y acoso en los sistemas de transporte y como peatones. Con este contexto se puede afirmar que el acceso a medios de transporte seguros, confiables y económicos es uno de los mayores desafíos para las mujeres.

Limitar a las mujeres el acceso a un transporte público de calidad, limita también su participación en la fuerza laboral. Estudios recientes demuestran que la probabilidad de que una mujer sea empleada se incrementa mientras más cerca tengan un sistema de transporte. Si bien estos estudios no reflejaron un cambio significativo en los hombres, en las mujeres ha representado la oportunidad de ser independientes y mejorar su calidad de vida.

¿Y los estudiantes?

El caso para los estudiantes sería prácticamente igual. Si bien los estudiantes de la UA de C. que asisten a Ciudad Universitaria en Arteaga tienen la ventaja de contar con el Lobús, son cientos de alumnos de educación básica y media superior los que diariamente asisten a sus escuelas mediante autobuses en mal estado y con pésimos horarios, o bien, que tienen que verse en la necesidad de ir caminando hasta su centro de estudios.

En ese sentido y en correlación con los datos anteriores se puede afirmar que si los niños, niñas y jóvenes de la periferia tuviesen acceso a un transporte público digno y de calidad tendrían un mejor acceso a la educación, es muy posible que mejore su rendimiento académico, tanto ellos como los padres se sentirían más seguros y se podría ampliar la cobertura en el sistema de educación que, según el Concentrado Estadístico del Sistema Educativo Coahuilense en el ciclo escolar 2019 – 2020, cubría al 77.43% de la población de entre cero y 23 años del estado.

Ok, ok, pero… ¿Y el medio ambiente?

Además de lo mencionado, el transporte público es fundamental para la sostenibilidad ambiental de las ciudades, ¿cómo? Reduciendo la contaminación por smog, reduciendo enfermedades respiratorias por la calidad del aire, disminuyendo la contaminación sonora, los embotellamientos y el número de accidentes de tránsito.

En 2015 el ya extinto Verne publicó un artículo titulado “Esto es lo que ocupan 200 personas en coche, bus o bici” en donde afirma que solo en Seattle, Estados Unidos, 177 automóviles transportaban 200 personas, y a través de fotos y gifs donde se comparan los diferentes medios de transporte concluyen que para mover a las mismas 200 personas en una cantidad de tiempo relativamente similar, únicamente se necesitan de 3 autobuses o una cabina de tren ligero.

El impacto que esto tiene no solo se refleja en la generación de CO2 que emiten los automóviles, sino también en la distribución del espacio público pues, mientras que los 177 automóviles ocupaban 5 carriles (incluyendo dos carriles de ciclovía) y unas tres calles de largo, 200 bicicletas ocupaban las mismas tres calles, pero sólo un carril; los 3 autobuses ocupaban un solo carril y una calle a lo largo y el tren ligero únicamente requería un carril y media calle de largo.

 

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¿Espacio público?

¡Así es! Puede que esto no te resulte tan similar puesto que en nuestra ciudad es prácticamente desconocido el tema, pero desde hace un buen tiempo se ha estado abogando por un espacio público digno en los países más desarrollados.

A medida que una ciudad crece la necesidad de movilizarse se hace más evidente. Como ya hemos visto resulta fundamental para la calidad de vida que las personas puedan transportarse de manera rápida y eficiente, y pensando un poco en ese sentido la mayoría de los países han invertido en ampliar carreteras, calles y autopistas con múltiples carriles para disminuir los embotellamientos y mejorar el flujo del tráfico, pero la realidad es muy diferente a lo que se tenía pensado.

Contrario a lo que se podía creer, el construir más carriles no es más que una solución a corto plazo para un problema que parece permanente. Carreteras como la interestatal de Texas tienen mega embotellamientos pese a que cuenta con 26 carriles, esto sin contar con el tremendo daño ecológico que se ha causado para poder ampliar la carretera y que se ha convertido en un área que no podrá recuperar la población de plantas y animales que alguna vez tuvo.

Para las ciudades el tema no es tan distinto, pues casi sin querer se ha estado dando preferencia a los automovilistas sobre los peatones.

Ya en 2016 se realizaron en Madrid, España, jornadas de trabajo en relación a la “Movilidad urbana sostenible y espacio público” en donde se invita a la inflexión ‘de la ciudad del automóvil’ a la ‘ciudad de las personas’. Dentro de las mismas jornadas se comenta que una ciudad a medida de las personas no debería ser una solución a los problemas del transporte, sino una forma de entender la ciudad. Indica también que las redes peatonales son necesarias para poder establecer una movilidad que permita a todos acceder a los espacios urbanos, periurbanos y de naturaleza (y de lo último no tenemos mucho en Saltillo).

En resumidas cuentas: si tenemos un transporte público eficiente, la gente podría optar por utilizar menos vehículos personales, ampliar el espacio público y por ende tener una ciudad que camina más, tiene mejor salud, es ecológicamente responsable y permite el disfrute una ciudad tan bella como la que tenemos.

¿Te imaginas disfrutar de Saltillo sin las calles llenas de carros y con un flujo de tráfico constante?

Pero claro, todo lo anterior no puede ser posible si primero no se garantiza que los autobuses cumplan con un mínimo estándar de calidad.

El Banco de Desarrollo de América Latina puntualiza que un Sistema de Buses Colectivos (SBC), al menos en el ideal, debe de ofrecer dos elementos claves: calidad de servicio y plena integración con el resto de modos de transporte.

Respecto al primer elemento se debe contar con:

–          Disponibilidad: Cobertura geográfica en toda la ciudad, disponibilidad de rutas durante la mayor parte del día, frecuencias convenientes en todas las rutas, y tarifas accesibles.

–          Confort y conveniencia: Unidades vehiculares en buen estado, niveles de ocupación (pasajeros por unidad de espacio) aceptables, confiabilidad (puntualidad) de las rutas,  velocidades aceptables en los corredores de operación y excelente récord de seguridad.

Respecto al segundo elemento se debe tener integración en cinco aspectos:

–          Física: Los servicios de distintos modos confluyen en el mismo espacio físico facilitando los transbordos (rutas colindantes).

–          Operativa: Los servicios de los distintos modos se programan y controlan coordinadamente. Esto permite, entre otros, que las rutas confluyan en las mismas ventanas de tiempo minimizando los tiempos de espera cuando se realizan transbordos.

–          Tarifaria: Existen medios unificados de pago y hay costos reducidos en la tarifa para los viajes que requieren transbordo.

–          Institucional: Es cuando una sola entidad está a cargo de gestionar todo el transporte público, y entre otras, diseña servicios que se complementan y no compiten entre sí.

–          Urbana: Es cuando los modos se incorporan orgánicamente a las lógicas del entorno; como por ejemplo el espacio público, los usos del suelo, y la arquitectura.

Si bien mejorar el transporte público es una urgencia, también es cierto que no es una tarea fácil, ni barata y desgraciadamente debido a la pandemia han surgido cosas más importantes en todo el país. Sin embargo, es importante mantener una visión a futuro que dé sus primeros pasos, este debe ser un proyecto a mediano y largo plazo en el que se tienen que ver involucradas todas las partes de gobierno y la ciudadanía como tal.

El camino a una ciudad sostenible, ecológica, con mejores oportunidades y hecha para los peatones no es sencillo, pero mejorar el transporte público es un muy buen primer paso que eventualmente Saltillo tendrá que dar.