México.- Tras la difusión de un polémico testimonio en el podcast Penitencia, donde un interno identificado como “Beto” lanzó aseveraciones sobre presuntos rituales vinculados a figuras públicas, el nombre de la fallecida Carmen Salinas ha regresado al centro de la conversación.
Aunque las declaraciones recientes carecen de pruebas sustanciales, han servido para que usuarios de redes sociales desempolven un enfrentamiento histórico que marcó la televisión mexicana en septiembre de 2002: el violento choque verbal entre Salinas y el galán de cine Andrés García.
«No le reza a Dios, sino al diablo»: El origen del conflicto
Para entender el revuelo actual, es necesario viajar 24 años atrás, al set del programa de espectáculos La Oreja. En aquel espacio, un Andrés García visiblemente alterado lanzó una serie de calificativos contra la productora de Aventurera que hoy resuenan con un matiz profético para los teóricos de las redes.
García llamó a Salinas “alimaña” y “corriente, del arrabal”, pero la frase que quedó grabada en la memoria colectiva fue de corte espiritual:
“Carmen Salinas no le reza a Dios, sino al diablo, y yo me voy a encargar de desenmascararla… No soy Jesucristo para perdonar”.
El actor amenazó en su momento con una demanda por difamación, acusando a la actriz de ataques «soeces y sin fundamento», en un pleito que involucró incluso menciones a Carmen Campuzano y Elisa Salinas.
La defensa de la familia: «Mentiras por rating»
. María Eugenia Plascencia, hija de la actriz, ha mantenido la postura que sostuvo desde el incidente con García: rechaza categóricamente cualquier vínculo de su madre con el ocultismo.
“Solamente que él (Andrés García) sea Dios como para demostrar que mi mamá sea Satanás”, declaró Plascencia en su momento, una frase que hoy vuelve a utilizar para desmentir los dichos del podcast Penitencia, calificándolos como “difamación por rating”.
Lo que en 2002 fue un exabrupto de un actor conocido por su temperamento explosivo, en 2026 es reinterpretado por nuevas generaciones como una «señal» o «evidencia» de teorías conspirativas.
No existen documentos, investigaciones ni registros legales que respalden las acusaciones de 2002 ni los testimonios virales de 2026.







